12-15
CAPÍTULO 12
Hardin
Abro un armario de la cocina en busca de comida. Necesito algo que absorba el
alcohol que corre por mis venas.
—Está furiosa con nosotros —dice Richard.
—Sí.
No puedo evitar sonreír al recordar sus mejillas encendidas, sus pequeños
puños apretados. Estaba que echaba humo.
No tiene gracia. Bueno, sí que la tiene, sólo que no debería.
—¿Mi hija es rencorosa?
Me lo quedo mirando un instante. Es raro que un padre tenga que preguntarle
al novio por las costumbres de su hija.
—Es evidente que no. Estás en nuestra cocina comiéndote mis cereales.
Agito la caja vacía y sonríe.
—Tienes razón —dice.
—Sí, suelo tenerla. —Nada más lejos de la realidad.
—Debe de ser un asco haber reaparecido cuando sólo faltan unos días para
que se traslade —le digo metiendo una fiambrera en el microondas.
No sé muy bien qué contiene, pero me muero de hambre, estoy demasiado
borracho para cocinar y Tessa no está aquí para prepararme nada. « ¿Qué coño
voy a hacer cuando me abandone?»
—Lo es —dice haciendo una mueca—. Aunque me alegro de que Seattle no
esté muy lejos.
—Pero Inglaterra sí lo está.
Tras una larga pausa, dice:
—No va a irse a Inglaterra.
Lo miro como diciendo « Que te den» .
—Y tú ¿qué coño sabes? ¿Cuánto hace que la conoces?, ¿dos días? —Estoy a
punto de explayarme cuando el molesto pitido del microondas nos interrumpe.
—Conozco bien a Carol, y ella no se iría a Inglaterra.
Ha vuelto a ser el borracho pesado de ayer.
—Tessa no es su madre, yo no soy tú.
—Ya —dice, y se encoge de hombros.
CAPÍTULO 13
Tessa
Molly.
Rezo para que esté aquí por pura casualidad, pero cuando Steph aparece
detrás de ella, me encojo en el reservado.
—¡Hola, Tessa! —saluda Steph sentándose en el sitio de enfrente y pegándose
a la pared para que « alguien» pueda sentarse a su lado.
« ¿Por qué me habrá invitado a comer con ella y con Molly?»
—Cuánto tiempo sin verte —me dice el putón de Molly.
No sé qué decirles a ninguna de las dos. Quiero levantarme y marcharme,
pero me limito a sonreír y a responder:
—Sí.
—¿Has pedido ya? —me pregunta Steph haciendo caso omiso del hecho de
que ha traído consigo a mi archienemiga, a mi única enemiga, en realidad.
—No. —Cojo el bolso para buscar el móvil.
—Oye, no hace falta que llames a tu papaíto, no muerdo —se mofa Molly.
—No iba a llamar a Hardin —le digo. En realidad, iba a enviarle un mensaje.
Son cosas muy distintas.
—Ya, claro —contesta, y se ríe.
—Para —salta Steph—. Molly, has dicho que ibas a comportarte.
—¿Por qué has venido? —le pregunto a la chica a la que detesto más que a
nadie en el mundo.
Se encoge de hombros.
—Tengo hambre —responde tan tranquila. Está claro que esta arpía se burla
de mí.
Cojo la sudadera y me dispongo a levantarme.
—Será mejor que me vay a.
—¡No, quédate! Por favor… Estás a punto de mudarte y no volveré a verte
—dice Steph haciendo pucheros.
—¿Qué?
—Te vas dentro de unos días, ¿no?
—¿Quién te lo ha contado?
Molly y Steph se miran la una a la otra.
—Zed, creo —dice Steph—. No importa. Creía que me lo ibas a contar tú.
—Iba a hacerlo, pero han pasado muchas cosas. Mi idea era contártelo hoy…
—digo, y entonces miro a Molly como si quisiera explicar por qué no lo he
hecho.
—Pues me habría gustado enterarme por ti. Yo fui tu primera amiga aquí. —
Steph saca el labio inferior en un gesto que me hace sentir mal y que parece un
poco cómico, así que doy las gracias cuando la camarera llega para
preguntarnos qué queremos para beber.
Mientras Molly y Steph piden sus refrescos, le mando un mensaje a Hardin.
I m a gino q u e e sta r á s d u r m ie n do la m ona e n e l sof á , pe r o
e sto y c om ie nd o c on Ste ph y se ha tr a ído a Molly.
Le doy a « Enviar» y miro a las dos chicas.
—¿Estás emocionada? —me pregunta entonces Steph—. ¿Qué vais a hacer
Hardin y tú?
Me encojo de hombros y miro a un lado y a otro. No voy a hablar de mi
relación delante de la hija de Satanás.
—Puedes hablar delante de mí. Créeme, tu vida petarda no me interesa lo
más mínimo —resopla Molly, y bebe un trago de agua.
—¿Que te crea? —Me echo a reír y mi móvil vibra.
Es Hardin.
Vu e lv e a c a s a .
No sé qué esperaba que me dijera, pero su consejo, o más bien que no me
haya dado ninguno, me decepciona. Le contesto:
N o , te ngo h a m br e .
—Mira, Hardin y tú sois muy monos y todo eso, pero vuestra relación me
importa un rábano —me informa Molly—. Ahora tengo mi propia relación de la
que preocuparme.
—Genial. Me alegro por ti.
Qué pena me da el pobre diablo que haya caído en sus garras.
—Hablando de tu relación, Molly, ¿cuándo vamos a conocer al chico
misterioso? —le pregunta Steph.
Molly se la quita de encima con un gesto de la mano.
—No lo sé. Hoy, no.
La camarera vuelve con nuestras bebidas y nos toma nota. En cuanto se va,
Molly se vuelve hacia mí, su verdadera presa.
—¿Te ha cabreado mucho que Zed esté planeando meter a Hardin entre
rejas? —me pregunta, y casi me atraganto con el agua.
La idea de que Hardin vaya a la cárcel me hiela la sangre en las venas.
—Estoy intentando evitarlo.
—Te deseo buena suerte. A menos que tu plan consista en follarte a Zed, no
creo que haya nada que puedas hacer —vuelve a burlarse de mí y golpea la
mesa con sus uñas verde fluorescente.
—Eso no es posible —rujo.
A q u í te n go a lgo q u e pue d e s c om e r te . D e ve r da d, vue lve
a n te s d e q ue pa s e c u a lqu ie r c o s a y y o no pue da sa lva r te .
¿Salvarme de qué? ¿De Molly y de Steph? Steph es mi amiga, y ya he
demostrado que soy capaz de comerme a Molly con patatas, y no dudaré en
volver a hacerlo si es necesario. Es odiosa y no la soporto, pero ya no me da
ningún miedo.
Por el mensaje obsceno de Hardin, sé que sigue borracho. Al ver que no le
contesto, me envía otro:
Sa l de a h í, lo digo e n se r io.
Guardo mi móvil en el bolso y me concentro en las chicas.
—Ya lo has hecho una vez —insiste Molly—, ¿qué problema hay?
—¿Perdona? —le digo.
—Eh, que no te juzgo. Yo me he tirado a Hardin y también a Zed —me
recuerda.
Estoy tan frustrada que quiero gritar.
—No me he acostado con Zed —mascullo.
—Ya, y a… —dice Molly, y Steph le lanza dagas por los ojos.
—¿Quién te ha dicho eso? ¿Quién os ha dicho que me he acostado con Zed?
—les pregunto.
—Nadie —contesta Steph antes de que Molly pueda abrir la boca—. Ya basta
de hablar de Zed. Quiero que me hables de Seattle. ¿Hardin se va contigo?
—Sí —miento. No quiero admitir, y menos delante de Molly, que Hardin se
niega a venir conmigo a Seattle.
—Así que os vais a marchar los dos. Será muy raro no teneros por aquí —
dice Steph con el ceño fruncido.
Será raro empezar de cero en otra universidad después de todo lo que ha
pasado en la WCU. Pero es justo lo que necesito, empezar de cero. Esta ciudad
está viciada por los recuerdos de traiciones y falsos amigos.
—Deberíamos quedar todos este fin de semana, la última fiesta —dice Steph.
Gruño en protesta.
—No, nada de fiestas.
—No, no será una fiesta. Sólo la pandilla de siempre. —Me mira con algo
similar a una súplica en sus ojos—. Seamos sinceras: lo más probable es que no
volvamos a vernos, y Hardin debería volver a salir con sus amigos al menos una
última vez.
Vacilo y tengo que desviar la mirada hacia la barra.
La voz de Molly pone fin al silencio:
—No sufras, que yo no estaré.
Vuelvo a mirarlas y en ese preciso instante llega nuestra comida.
Pero he perdido el apetito. « ¿De verdad va diciendo la gente por ahí que me
he acostado con Zed? ¿Habrá oído Hardin los rumores? ¿Será Zed capaz de meter
realmente a Hardin en la cárcel?» Me duele la cabeza.
Steph se come unas patatas fritas y, sin haber terminado de masticarlas, dice:
—Háblalo con Hardin y dime algo. Podríamos quedar en el apartamento de
alguien, incluso en el de Tristan y Nate. Así no aparecerá ningún capullo
inesperado.
—Se lo preguntaré… Pero no sé si querrá.
Bajo la vista a la pantalla del móvil. Tres llamadas perdidas. Un mensaje:
Co n te sta c u a n do te lla m o.
Vo lv e r é e n c u a n to a c a be d e c om e r , c á lm a te . Be be a gua .
Le respondo y me como un par de patatas fritas.
Pero a Molly le puede la tensión y empieza a cantar como un canario.
—Seguro que le gusta la idea. Nosotros éramos sus amigos hasta que tú
llegaste y lo estropeaste.
—Yo no lo estropeé.
—Vaya que no. Está muy cambiado, y y a ni siquiera nos llama.
—Sus amigos… —me burlo—. A él tampoco lo llama nadie. El único que
habla con él de vez en cuando es Nate.
—Eso es porque sabemos… —empieza a decir Molly.
Pero Steph levanta las manos.
—Basta, joder —protesta masajeándose las sienes.
—Voy a pedir que me lo envuelvan para llevar. Ha sido mala idea quedar —
le digo.
No sé en qué estaba pensando al traer a Molly, al menos podría haberme
avisado.
Steph me mira comprensiva.
—Lo siento, Tessa. Creía que os llevaríais bien ahora que y a no le interesa
tirarse a Hardin. —Mira a Molly, que se encoge de hombros.
—Nos llevamos mejor que antes.
Quiero partirle la cara de cretina que tiene, pero el móvil de Steph interrumpe
mis pensamientos violentos.
Una mirada de perplejidad le cruza la cara. Luego dice:
—Es Hardin, me está llamando. —Me acerca el teléfono para que lo vea.
—No he respondido a sus mensajes. Lo llamo enseguida —le digo.
Steph asiente e ignora la llamada.
—Es un acosador —dice Molly hincando los dientes en una patata.
Me muerdo la lengua y le pido a la camarera que me lo envuelva para llevar.
Apenas he tocado la comida, pero no quiero montar una escena en un
restaurante.
—Piensa acerca de lo del sábado, por favor. Podríamos organizar una cena
en vez de una fiesta —se ofrece Steph. Luego me dedica su mejor sonrisa—. Por
favor…
—Veré qué puedo hacer, pero nos vamos de viaje y no volveremos hasta el
viernes por la tarde.
Asiente de nuevo.
—Tú eliges día y hora.
—Gracias. Ya te aviso —le digo, y pago mi parte de la cuenta.
No me gusta la idea pero, en cierto sentido, tiene razón. No vamos a volver a
vernos. Hardin va a marcharse, tal vez no a Seattle, pero ahora que lo han
expulsado tampoco va a quedarse aquí, y debería ver a su grupo de amigos por
última vez.
—Está llamando de nuevo —me dice Steph. No se molesta en ocultar que le
parece muy divertido.
—Dile que estoy de camino.
Me levanto y me dirijo hacia la puerta.
Cuando me vuelvo, Molly y ella están hablando con el móvil de Steph encima
de la mesa.
CAPÍTULO 14
Hardin
—Tessa, si no me devuelves la llamada, iré a buscarte aunque esté borracho —
amenazo.
Luego tiro el móvil contra el sofá. Rebota y aterriza contra el suelo de
hormigón.
—Volverá —me asegura el capullo de Dick, siempre de gran ayuda.
—¡Ya lo sé! —le grito, y recojo el móvil.
Por suerte, la pantalla no se ha roto. Le lanzo una mirada asesina al viejo
borracho y me voy al dormitorio.
« ¿Qué coño hace otra vez en el apartamento y por qué demonios Tessa no
está aquí conmigo?» No puede salir nada bueno de juntar a Tessa y a Molly en la
misma habitación.
Empiezo a maquinar cómo voy a localizarla si no tengo ni llaves, ni coche, y
mi nivel del alcohol en sangre rebasa con creces el límite legal cuando oigo que
se abre la puerta principal.
—Está… descansando —dice Richard muy alto, con una alegría
desmesurada. Sospecho que está intentando avisarme de que Tessa ha vuelto.
Abro la puerta antes de que lo haga ella y extiendo el brazo para invitarla a
entrar. No parece en absoluto intimidada ni preocupada por mi cara de cabreo.
—¿Por qué no me has cogido el teléfono cuando te he llamado? —exijo saber.
—Porque te he dicho que volvería pronto, y eso he hecho.
—Pero deberías haberlo cogido. Estaba preocupado.
—¿Estabas preocupado? —Le sorprende mi elección de palabras.
—Sí, preocupado. ¿Qué coño hacías tú con Molly?
Deja el bolso en el respaldo de la silla.
—Ni idea. Steph me invitó a comer con ella y la trajo.
« Maldita Steph.»
—Y ¿por qué coño ha hecho eso? ¿Ha sido borde contigo?
—No más que de costumbre. —Enarca una ceja y me mira.
—Steph es una zorra por haber invitado también a Molly. ¿Qué se cuentan?
—Ni idea, pero creo que corren ciertos rumores sobre mí. —Frunce el ceño
y se sienta en la silla para quitarse los zapatos.
—¿Qué clase de rumores?
« Lo que en realidad quiero decir es: ¿a quién tengo que matar?»
Joder, sigo borracho. ¿Cómo es posible? Han pasado por lo menos tres horas.
Apenas recuerdo que hace mucho alguien me dijo que se necesita una hora por
cada copa que uno se toma para que se te pase la borrachera. Voy a estar pedo
por lo menos durante las próximas diez horas, según ese cálculo. Siempre y
cuando fuera ésa la estimación…
—¿Me has oído? —dice Tessa con calma, incluso un tanto preocupada.
—No, perdona —farfullo.
Se ruboriza.
—Creo que la gente va diciendo por ahí que Zed y yo…, ya sabes.
—¿Ya sé qué?
—Que nos… hemos acostado. —Tiene los ojos cansados y la voz dulce.
—¿Quién lo dice? —intento mantener un tono de voz similar al de ella, a pesar
de que la rabia empieza a bullir en mi interior.
—Imagino que es un rumor. Steph y Molly lo estaban comentando.
No sé si consolarla o dar rienda suelta a mi cabreo. Estoy demasiado
borracho para esta mierda.
Coloca las manos en el regazo y agacha la cabeza.
—No quiero que la gente piense eso de mí.
—No hagas ni caso, son unos imbéciles. Si de verdad corre ese rumor, me
encargaré de desmentirlo. —Tiro de ella para que se siente conmigo en la cama
—. Tú no te preocupes.
—¿No estás enfadado conmigo? —pregunta buscando con sus ojos gris
azulado los míos.
—Sí —le digo—. Estoy enfadado porque tú no me cogías el móvil y tampoco
la dichosa Steph. Pero lo del rumor no me cabrea lo más mínimo. Es probable
que se lo hay an inventado porque les mola ser unos capullos.
La idea de que Steph y Molly le hay an llenado a Tessa la cabeza de tonterías
sólo para hacerle daño me pone malo.
—No entiendo para qué se ha traído a Molly, quien, cómo no, ha tenido que
recordarme que se ha acostado contigo. —Tuerce el gesto y yo también.
—Es una mala puta que no tiene otra cosa que hacer que recordar los tiempos
en los que la reventaba a polvos.
—Hardin —protesta Tessa ante lo descriptivo de mi comentario.
Abre el cierre de su brazalete y lo deja sobre la mesilla.
—¿Todavía estás borracho?
—Un poco.
—¿Un poco?
Sonrío.
—Un poco más que un poco.
—Estás muy raro. —Pone los ojos en blanco y saca su maldita agenda del
cajón de la mesilla.
—¿Por? —Me acerco para ponerme detrás de ella.
—Porque a pesar de que estás borracho te estás portando muy bien. Por
ejemplo, estabas enfadado porque no te cogía el teléfono pero ahora estás
siendo… —Me mira a la cara—. Creo que la palabra es comprensivo. Estás
siendo muy comprensivo con lo de Molly.
—Y ¿qué esperabas?
—No lo sé… ¿Que me gritaras? No tienes un temperamento fácil cuando
estás borracho —dice en voz baja.
Sé que está intentando no molestarme, pero quiere hacerme saber que no va
a andarse con tonterías.
—No voy a chillarte, sólo es que no me gusta verte con ellas. Ya sabes cómo
son, sobre todo Molly, y no quiero que nadie te haga daño. —Luego añado,
enfatizando cada palabra—: De ninguna manera.
—No me lo han hecho pero, aunque sé que es ridículo, por una vez me
apetecía quedar a comer con una amiga, como hace la gente normal.
Quiero decirle que Steph no es precisamente la mejor elección a la hora de
buscar amigas, pero sé que, exceptuando a Landon, a Noah y a mí, no tiene a
nadie más.
Y a Zed.
Bueno, Zed y a no pinta nada aquí. Eso se ha acabado y estoy seguro de que
no volverá a aparecer en una buena temporada.
CAPÍTULO 15
Tessa
El hecho de que Hardin se esté comportando de un modo tan razonable me
sorprende y consigo relajarme un poco. Cruza las piernas y se echa hacia atrás
apoy ándose en las palmas de las manos. No sé si debería sacar el tema de Seattle
ahora mismo, porque lo veo de buen humor, o si será mejor esperar.
Pero si espero, a saber cuándo estará listo para hablar de ello.
Lo miro, él me observa con sus ojos verdes y decido lanzarme.
—Steph quiere celebrar una fiesta de despedida —le digo, y aguardo su
reacción.
—¿Adónde va?
—No, es para mí —le explico, y omito el pequeño detalle de que les he dicho
que Hardin va a venirse conmigo a Seattle.
Me mira raro.
—¿Les has dicho que vas a mudarte?
—Sí, ¿por qué no iba a decírselo?
—Porque aún no lo has decidido, ¿no?
—Hardin, me voy a ir a Seattle.
Se encoge de hombros con despreocupación.
—Todavía tienes tiempo para pensarlo.
—De todos modos…, ¿qué te parece lo de la fiesta? Dice que podríamos
hacer una cena para estar todos juntos en casa de Nate y de Tristan, no en la
fraternidad —le explico, pero Hardin sigue borracho y no parece que me esté
escuchando.
Miro las fechas de mi traslado la semana que viene. Espero que Sandra me
llame pronto, de lo contrario, voy a llegar a Seattle y no tendré casa y tendré que
alojarme en un motel y vivir con lo que cabe en una maleta. Moteles…, qué
asco.
—No, no vamos a ir a esa fiesta. —Esa respuesta no me la esperaba.
Me vuelvo hacia él.
—¿Qué? ¿Por qué no? Si es una cena, no puede ser tan terrible, no habrá
Verdad o desafío, ni Chupa y pásalo, ¿sabes?
Se echa a reír y me mira. Se ve que le hace gracia.
—Chupa y sopla, Tess.
—¡Ya sabes a qué me refiero! Será la última vez que veamos…, en fin, que
y o los vea, y han sido mis amigos, bueno, unos amigos un poco raros. —No
quiero pensar en el inicio de mi « amistad» con el grupo.
—¿Y si lo hablamos más tarde? Me está dando dolor de cabeza —protesta.
Suspiro vencida. Sé por su tono de voz que no va a continuar con la
conversación.
—Ven aquí. —Se recuesta en el colchón y me espera con los brazos abiertos.
Cierro la agenda y me tumbo con él en la cama. Me coloco entre sus piernas
y sus manos se cierran sobre mis caderas. Me mira con sonrisa pícara.
—¿No se supone que estás cabreada conmigo o algo así?
—Estoy un pelín desbordada, Hardin —le confieso.
—¿Por?
Levanto los brazos al cielo.
—Por todo. Seattle, el traslado a otra facultad, la marcha de Landon, tu
expulsión…
—Te engañé —dice sin más, y hunde la nariz en mi vientre.
« Y ¿ahora qué…?»
—¿Cómo? —Enrosco los dedos en su pelo y le levanto la cabeza para que me
mire.
Se encoge de hombros.
—Te he engañado acerca de mi expulsión.
Me echo hacia atrás para alejarme de él. Intenta acercarse de nuevo, pero no
lo dejo.
—¿Por qué?
—No lo sé, Tessa —dice, y se levanta—. Estaba cabreado porque estabas
fuera con Zed y por todo el rollo de Seattle.
Abro mucho la boca.
—¿Me dijiste que te habían expulsado porque estabas enfadado conmigo?
—Sí, bueno, y también por otro motivo.
—¿Qué otro motivo?
Suspira.
—Te vas a enfadar. —Todavía tiene los ojos rojos, pero parece que la
borrachera se le está pasando rápido.
Cruzo los brazos.
—Sí, es más que probable, pero cuenta.
—Pensé que te daría tanta pena que te vendrías conmigo a Inglaterra.
No sé qué pensar de su confesión. Debería mosquearme. Estoy mosqueada.
Estoy que muerdo. Qué cara tiene, intentar hacer que me sienta culpable para
que me vay a a Inglaterra con él. Debería haber sido sincero desde el principio…
Pero, aun así, no puedo evitar sentirme un poco mejor por haberme enterado a
través de él, y no del modo en que normalmente descubro sus mentiras.
Me mira con ojos inquisitivos.
—¿Tessa…?
Lo miro y casi sonrío.
—La verdad es que me sorprende que me lo hayas contado, en vez de
esperar a que me enterase por terceros.
—A mí también. —Acorta la distancia que nos separa y su mano me acaricia
el cuello y la mandíbula—. Por favor, no te enfades conmigo. Soy tonto del culo.
Dejo escapar una tensa exhalación pero me encantan sus caricias.
—Es una defensa pésima.
—No me estoy defendiendo. Soy un capullo, lo sé. Pero te quiero y estoy
harto de tanta mierda. Sabía que lo descubrirías tarde o temprano, y más con el
dichoso viaje con la familia de mi padre a la vuelta de la esquina.
—¿Me lo has contado porque sabías que me iba a enterar de todos modos?
—Sí.
Echo atrás la cabeza y lo miro.
—¿Me lo habrías ocultado y me habrías obligado a irme a vivir a Inglaterra
contigo por pura pena?
—Básicamente…
« ¿Cómo demonios se supone que he de tomarme eso?» Quiero decirle que
está loco, que no es mi padre y que tiene que dejar de intentar manipularme,
pero en vez de eso me quedo ahí con la boca abierta como una idiota.
—No puedes obligarme a hacer cosas a base de mentiras y manipulaciones.
—Sé que es muy retorcido —dice con preocupación en sus ojos verdes—. No
sé por qué soy como soy. Sólo sé que no quiero perderte y que estoy
desesperado.
Pero, por su expresión, sé que no entiende por qué se comporta así.
—No, no lo sabes. De lo contrario, no habrías mentido.
Lleva las manos a mis caderas.
—Tessa, lo siento, de verdad. Debes reconocer que se nos empieza a dar
mejor esto de las relaciones.
Tiene razón. En cierto sentido, demencial, nos comunicamos mucho mejor
que antes. Sigue distando mucho de una relación normal y funcional, pero la
normalidad nunca ha sido lo nuestro.
—¿Con lo del matrimonio tampoco voy a conseguir que te vengas conmigo?
El corazón se me va a salir del pecho y estoy segura de que puede oírlo. Pero
me limito a decir:
—Ya hablaremos de eso cuando no estés borracho.
—Tampoco estoy tan borracho.
Sonrío y le doy una palmadita en la mejilla.
—Demasiado borracho para esa clase de conversación.
Sonríe y me atrae hacia sí.
—¿Cuándo vuelves de Sandpoint?
—¿No vas a venir?
—Aún no lo he decidido.
—Dijiste que vendrías. Nunca hemos viajado juntos.
—Seattle —dice, y me echo a reír.
—En realidad, apareciste sin que nadie te hubiera invitado y te fuiste a la
mañana siguiente.
Me pasa la mano por el pelo.
—Detalles…
—Me apetece mucho que vengas —insisto—. Landon se trasladará pronto. —
Me duele sólo de pensarlo.
—¿Y? —me pregunta meneando la cabeza.
—Y a tu padre le encantaría que vinieras, estoy segura.
—Ah, él. Está cabreado consigo mismo porque me han multado y me han
puesto en el equivalente a la libertad condicional académica. Si la fastidio en lo
más mínimo, se acabó la universidad.
—¿Por qué no te trasladas a la universidad de Seattle conmigo?
—No quiero volver a oír hablar de Seattle esta noche. He tenido un día muy
largo y tengo un dolor de cabeza infernal… —Me besa en la frente.
Aparto la cabeza.
—Te has emborrachado con mi padre y me has mentido sobre tu expulsión:
hablaremos de Seattle cuanto me apetezca —replico tajante.
Hardin sonríe.
—Y te has puesto esos pantalones después de haber estado provocándome
con ellos y no has respondido a mis llamadas. —Me acaricia el labio inferior con
el pulgar.
—No hace falta que me llames tanto. Es asfixiante. Molly ha dicho que eres
un acosador —le suelto, pero sonrío bajo su caricia.
—¿En serio? —Continúa dibujando el contorno de mis labios y los abro sin
querer.
—Sí —suspiro.
—Hum…
—Sé lo que estás tramando. —Le quito la otra mano de mis caderas, allí
donde sus dedos estaban empezando a deslizarse por debajo del elástico de mis
pantalones.
Sonríe.
—¿Qué estoy tramando?
—Estás intentando distraerme para que se me olvide que estoy enfadada
contigo.
—¿Y funciona?
—No del todo. Además, mi padre está aquí y no voy a acostarme contigo
cuando lo tenemos en la habitación contigua. —Le doy un azote juguetón en el
trasero.
Lo único que consigo es que me estreche más contra sí.
—Ah, ¿quieres decir como cuando te follé aquí mismo —dice señalando la
cama—, mientras mi madre dormía en el sofá?
Se me pega un poco más.
—¿O aquella vez que te follé en el baño de la casa de mi padre? ¿O la
infinidad de veces que hemos follado mientras Karen, Landon y mi padre
estaban al final del pasillo?
Me acaricia el muslo por encima de la tela.
—Ah, espera, te refieres a cuando te puse mirando a La Meca en la mesa de
tu despacho en horas de trabajo…
—¡Vale, vale! ¡Lo he pillado! —Me ruborizo y se ríe.
—Vamos, Tessa, túmbate.
—Estás enfermo. —Me echo a reír y me aparto de él.
—¿Adónde vas? —pregunta haciendo pucheros.
—A ver qué está haciendo mi padre.
—¿Por? ¿Para poder volver aquí conmigo y…?
—¡Anda ya!, acuéstate o algo —exclamo.
Me alegro de que esté tan bromista pero, a pesar de su confesión, sigo
enfadada porque me ha mentido y se está comportando como un cabezota al no
estar dispuesto a hablar seriamente de Seattle.
Cuando he vuelto después de la comida en Applebee’s, creía que estaría
furioso conmigo por no haber respondido a sus mensajes. Nunca pensé que
llegaríamos a hablar las cosas y que me confesaría que me había mentido
acerca de su expulsión. Puede que Steph le haya asegurado que estaba volviendo
a casa y le hay a dado tiempo a calmarse. Aunque el teléfono de Steph estaba
encima de la mesa cuando me he marchado…
—¿No has dicho que Steph no te ha cogido el teléfono cuando la has llamado?
—pregunto.
—No, ¿por? —Me mira confuso.
Me encojo de hombros sin saber qué decir.
—Curiosidad.
—¿Por? —dice en un tono raro.
—Porque le he dicho que te dijera que venía de camino y me preguntaba por
qué no lo había hecho.
—Ah.
Desvía la mirada y coge una taza de la cómoda. Esta conversación es
muy rara: Steph no le ha dicho que yo estaba en camino, y ahora él
desvía la mirada…
—Voy a ver qué hace mi padre, puedes venir con nosotros si quieres.
—Eso haré. Voy a cambiarme primero.
Asiento y abro la puerta.
—Y ¿qué hay de él? Acaba de reaparecer en tu vida y ¿vas a marcharte?
Freno en seco. No es que no lo haya pensado, pero que Hardin me dispare la
pregunta por la espalda como si fuera un misil no me gusta nada.
Me tomo un momento para recuperarme antes de salir de la habitación.
Cuando llego a la sala de estar, mi padre está durmiendo. Beberse medio bar a
mediodía debe de ser agotador. Apago el televisor y voy a la cocina a por un
vaso de agua. No paro de pensar en Hardin preguntándome si voy a marcharme
ahora que acabo de encontrar a mi padre. La cuestión es que no puedo hacer
peligrar mi futuro por un padre al que no veo desde hace nueve años. Si las
circunstancias fueran otras, lo pensaría dos veces, pero fue él quien me abandonó
a mí.
Cuando me acerco al dormitorio, oigo que Hardin está hablando.
—¿A qué coño ha venido lo de hoy ? —lo oigo decir con voz amortiguada.
Pego la oreja a la puerta. Sé que debería irme y punto, pero tengo la
sensación de que he de escuchar esta conversación. Lo que significa que me
conviene escucharla.
—Me importa una mierda, no debería haber ocurrido. Ahora está
mosqueada, cuando se supone que lo que tienes que hacer…
No consigo entender el resto de la frase.
—No lo fastidies —añade.
¿Con quién habla? Y ¿qué se supone que tiene que hacer alguien? ¿Es Steph?
O, peor, ¿será Molly?
Oigo unos pasos que se acercan a la puerta y rápidamente me meto en el
cuarto de baño y cierro la puerta.
Al poco rato llaman con los nudillos.
—¿Tessa?
Abro la puerta. Sé que tendría que aparentar que me ha pillado con mis cosas.
El corazón se me va a salir del pecho y tengo un nudo en el estómago.
—Ah, hola. Estaba acabando —digo con un hilo de voz.
Hardin enarca una ceja.
—Vale…
Mira al final del pasillo.
—¿Dónde está tu padre? ¿Está durmiendo?
—Sí —le digo, y sonríe de oreja a oreja.
—Volvamos al dormitorio. —Me coge de la mano, me da la vuelta y me
empuja con suavidad.
Sigo a Hardin de vuelta a nuestra habitación y la paranoia se cuela entre mis
pensamientos como si fuera una vieja amiga.
Hardin
Abro un armario de la cocina en busca de comida. Necesito algo que absorba el
alcohol que corre por mis venas.
—Está furiosa con nosotros —dice Richard.
—Sí.
No puedo evitar sonreír al recordar sus mejillas encendidas, sus pequeños
puños apretados. Estaba que echaba humo.
No tiene gracia. Bueno, sí que la tiene, sólo que no debería.
—¿Mi hija es rencorosa?
Me lo quedo mirando un instante. Es raro que un padre tenga que preguntarle
al novio por las costumbres de su hija.
—Es evidente que no. Estás en nuestra cocina comiéndote mis cereales.
Agito la caja vacía y sonríe.
—Tienes razón —dice.
—Sí, suelo tenerla. —Nada más lejos de la realidad.
—Debe de ser un asco haber reaparecido cuando sólo faltan unos días para
que se traslade —le digo metiendo una fiambrera en el microondas.
No sé muy bien qué contiene, pero me muero de hambre, estoy demasiado
borracho para cocinar y Tessa no está aquí para prepararme nada. « ¿Qué coño
voy a hacer cuando me abandone?»
—Lo es —dice haciendo una mueca—. Aunque me alegro de que Seattle no
esté muy lejos.
—Pero Inglaterra sí lo está.
Tras una larga pausa, dice:
—No va a irse a Inglaterra.
Lo miro como diciendo « Que te den» .
—Y tú ¿qué coño sabes? ¿Cuánto hace que la conoces?, ¿dos días? —Estoy a
punto de explayarme cuando el molesto pitido del microondas nos interrumpe.
—Conozco bien a Carol, y ella no se iría a Inglaterra.
Ha vuelto a ser el borracho pesado de ayer.
—Tessa no es su madre, yo no soy tú.
—Ya —dice, y se encoge de hombros.
CAPÍTULO 13
Tessa
Molly.
Rezo para que esté aquí por pura casualidad, pero cuando Steph aparece
detrás de ella, me encojo en el reservado.
—¡Hola, Tessa! —saluda Steph sentándose en el sitio de enfrente y pegándose
a la pared para que « alguien» pueda sentarse a su lado.
« ¿Por qué me habrá invitado a comer con ella y con Molly?»
—Cuánto tiempo sin verte —me dice el putón de Molly.
No sé qué decirles a ninguna de las dos. Quiero levantarme y marcharme,
pero me limito a sonreír y a responder:
—Sí.
—¿Has pedido ya? —me pregunta Steph haciendo caso omiso del hecho de
que ha traído consigo a mi archienemiga, a mi única enemiga, en realidad.
—No. —Cojo el bolso para buscar el móvil.
—Oye, no hace falta que llames a tu papaíto, no muerdo —se mofa Molly.
—No iba a llamar a Hardin —le digo. En realidad, iba a enviarle un mensaje.
Son cosas muy distintas.
—Ya, claro —contesta, y se ríe.
—Para —salta Steph—. Molly, has dicho que ibas a comportarte.
—¿Por qué has venido? —le pregunto a la chica a la que detesto más que a
nadie en el mundo.
Se encoge de hombros.
—Tengo hambre —responde tan tranquila. Está claro que esta arpía se burla
de mí.
Cojo la sudadera y me dispongo a levantarme.
—Será mejor que me vay a.
—¡No, quédate! Por favor… Estás a punto de mudarte y no volveré a verte
—dice Steph haciendo pucheros.
—¿Qué?
—Te vas dentro de unos días, ¿no?
—¿Quién te lo ha contado?
Molly y Steph se miran la una a la otra.
—Zed, creo —dice Steph—. No importa. Creía que me lo ibas a contar tú.
—Iba a hacerlo, pero han pasado muchas cosas. Mi idea era contártelo hoy…
—digo, y entonces miro a Molly como si quisiera explicar por qué no lo he
hecho.
—Pues me habría gustado enterarme por ti. Yo fui tu primera amiga aquí. —
Steph saca el labio inferior en un gesto que me hace sentir mal y que parece un
poco cómico, así que doy las gracias cuando la camarera llega para
preguntarnos qué queremos para beber.
Mientras Molly y Steph piden sus refrescos, le mando un mensaje a Hardin.
I m a gino q u e e sta r á s d u r m ie n do la m ona e n e l sof á , pe r o
e sto y c om ie nd o c on Ste ph y se ha tr a ído a Molly.
Le doy a « Enviar» y miro a las dos chicas.
—¿Estás emocionada? —me pregunta entonces Steph—. ¿Qué vais a hacer
Hardin y tú?
Me encojo de hombros y miro a un lado y a otro. No voy a hablar de mi
relación delante de la hija de Satanás.
—Puedes hablar delante de mí. Créeme, tu vida petarda no me interesa lo
más mínimo —resopla Molly, y bebe un trago de agua.
—¿Que te crea? —Me echo a reír y mi móvil vibra.
Es Hardin.
Vu e lv e a c a s a .
No sé qué esperaba que me dijera, pero su consejo, o más bien que no me
haya dado ninguno, me decepciona. Le contesto:
N o , te ngo h a m br e .
—Mira, Hardin y tú sois muy monos y todo eso, pero vuestra relación me
importa un rábano —me informa Molly—. Ahora tengo mi propia relación de la
que preocuparme.
—Genial. Me alegro por ti.
Qué pena me da el pobre diablo que haya caído en sus garras.
—Hablando de tu relación, Molly, ¿cuándo vamos a conocer al chico
misterioso? —le pregunta Steph.
Molly se la quita de encima con un gesto de la mano.
—No lo sé. Hoy, no.
La camarera vuelve con nuestras bebidas y nos toma nota. En cuanto se va,
Molly se vuelve hacia mí, su verdadera presa.
—¿Te ha cabreado mucho que Zed esté planeando meter a Hardin entre
rejas? —me pregunta, y casi me atraganto con el agua.
La idea de que Hardin vaya a la cárcel me hiela la sangre en las venas.
—Estoy intentando evitarlo.
—Te deseo buena suerte. A menos que tu plan consista en follarte a Zed, no
creo que haya nada que puedas hacer —vuelve a burlarse de mí y golpea la
mesa con sus uñas verde fluorescente.
—Eso no es posible —rujo.
A q u í te n go a lgo q u e pue d e s c om e r te . D e ve r da d, vue lve
a n te s d e q ue pa s e c u a lqu ie r c o s a y y o no pue da sa lva r te .
¿Salvarme de qué? ¿De Molly y de Steph? Steph es mi amiga, y ya he
demostrado que soy capaz de comerme a Molly con patatas, y no dudaré en
volver a hacerlo si es necesario. Es odiosa y no la soporto, pero ya no me da
ningún miedo.
Por el mensaje obsceno de Hardin, sé que sigue borracho. Al ver que no le
contesto, me envía otro:
Sa l de a h í, lo digo e n se r io.
Guardo mi móvil en el bolso y me concentro en las chicas.
—Ya lo has hecho una vez —insiste Molly—, ¿qué problema hay?
—¿Perdona? —le digo.
—Eh, que no te juzgo. Yo me he tirado a Hardin y también a Zed —me
recuerda.
Estoy tan frustrada que quiero gritar.
—No me he acostado con Zed —mascullo.
—Ya, y a… —dice Molly, y Steph le lanza dagas por los ojos.
—¿Quién te ha dicho eso? ¿Quién os ha dicho que me he acostado con Zed?
—les pregunto.
—Nadie —contesta Steph antes de que Molly pueda abrir la boca—. Ya basta
de hablar de Zed. Quiero que me hables de Seattle. ¿Hardin se va contigo?
—Sí —miento. No quiero admitir, y menos delante de Molly, que Hardin se
niega a venir conmigo a Seattle.
—Así que os vais a marchar los dos. Será muy raro no teneros por aquí —
dice Steph con el ceño fruncido.
Será raro empezar de cero en otra universidad después de todo lo que ha
pasado en la WCU. Pero es justo lo que necesito, empezar de cero. Esta ciudad
está viciada por los recuerdos de traiciones y falsos amigos.
—Deberíamos quedar todos este fin de semana, la última fiesta —dice Steph.
Gruño en protesta.
—No, nada de fiestas.
—No, no será una fiesta. Sólo la pandilla de siempre. —Me mira con algo
similar a una súplica en sus ojos—. Seamos sinceras: lo más probable es que no
volvamos a vernos, y Hardin debería volver a salir con sus amigos al menos una
última vez.
Vacilo y tengo que desviar la mirada hacia la barra.
La voz de Molly pone fin al silencio:
—No sufras, que yo no estaré.
Vuelvo a mirarlas y en ese preciso instante llega nuestra comida.
Pero he perdido el apetito. « ¿De verdad va diciendo la gente por ahí que me
he acostado con Zed? ¿Habrá oído Hardin los rumores? ¿Será Zed capaz de meter
realmente a Hardin en la cárcel?» Me duele la cabeza.
Steph se come unas patatas fritas y, sin haber terminado de masticarlas, dice:
—Háblalo con Hardin y dime algo. Podríamos quedar en el apartamento de
alguien, incluso en el de Tristan y Nate. Así no aparecerá ningún capullo
inesperado.
—Se lo preguntaré… Pero no sé si querrá.
Bajo la vista a la pantalla del móvil. Tres llamadas perdidas. Un mensaje:
Co n te sta c u a n do te lla m o.
Vo lv e r é e n c u a n to a c a be d e c om e r , c á lm a te . Be be a gua .
Le respondo y me como un par de patatas fritas.
Pero a Molly le puede la tensión y empieza a cantar como un canario.
—Seguro que le gusta la idea. Nosotros éramos sus amigos hasta que tú
llegaste y lo estropeaste.
—Yo no lo estropeé.
—Vaya que no. Está muy cambiado, y y a ni siquiera nos llama.
—Sus amigos… —me burlo—. A él tampoco lo llama nadie. El único que
habla con él de vez en cuando es Nate.
—Eso es porque sabemos… —empieza a decir Molly.
Pero Steph levanta las manos.
—Basta, joder —protesta masajeándose las sienes.
—Voy a pedir que me lo envuelvan para llevar. Ha sido mala idea quedar —
le digo.
No sé en qué estaba pensando al traer a Molly, al menos podría haberme
avisado.
Steph me mira comprensiva.
—Lo siento, Tessa. Creía que os llevaríais bien ahora que y a no le interesa
tirarse a Hardin. —Mira a Molly, que se encoge de hombros.
—Nos llevamos mejor que antes.
Quiero partirle la cara de cretina que tiene, pero el móvil de Steph interrumpe
mis pensamientos violentos.
Una mirada de perplejidad le cruza la cara. Luego dice:
—Es Hardin, me está llamando. —Me acerca el teléfono para que lo vea.
—No he respondido a sus mensajes. Lo llamo enseguida —le digo.
Steph asiente e ignora la llamada.
—Es un acosador —dice Molly hincando los dientes en una patata.
Me muerdo la lengua y le pido a la camarera que me lo envuelva para llevar.
Apenas he tocado la comida, pero no quiero montar una escena en un
restaurante.
—Piensa acerca de lo del sábado, por favor. Podríamos organizar una cena
en vez de una fiesta —se ofrece Steph. Luego me dedica su mejor sonrisa—. Por
favor…
—Veré qué puedo hacer, pero nos vamos de viaje y no volveremos hasta el
viernes por la tarde.
Asiente de nuevo.
—Tú eliges día y hora.
—Gracias. Ya te aviso —le digo, y pago mi parte de la cuenta.
No me gusta la idea pero, en cierto sentido, tiene razón. No vamos a volver a
vernos. Hardin va a marcharse, tal vez no a Seattle, pero ahora que lo han
expulsado tampoco va a quedarse aquí, y debería ver a su grupo de amigos por
última vez.
—Está llamando de nuevo —me dice Steph. No se molesta en ocultar que le
parece muy divertido.
—Dile que estoy de camino.
Me levanto y me dirijo hacia la puerta.
Cuando me vuelvo, Molly y ella están hablando con el móvil de Steph encima
de la mesa.
CAPÍTULO 14
Hardin
—Tessa, si no me devuelves la llamada, iré a buscarte aunque esté borracho —
amenazo.
Luego tiro el móvil contra el sofá. Rebota y aterriza contra el suelo de
hormigón.
—Volverá —me asegura el capullo de Dick, siempre de gran ayuda.
—¡Ya lo sé! —le grito, y recojo el móvil.
Por suerte, la pantalla no se ha roto. Le lanzo una mirada asesina al viejo
borracho y me voy al dormitorio.
« ¿Qué coño hace otra vez en el apartamento y por qué demonios Tessa no
está aquí conmigo?» No puede salir nada bueno de juntar a Tessa y a Molly en la
misma habitación.
Empiezo a maquinar cómo voy a localizarla si no tengo ni llaves, ni coche, y
mi nivel del alcohol en sangre rebasa con creces el límite legal cuando oigo que
se abre la puerta principal.
—Está… descansando —dice Richard muy alto, con una alegría
desmesurada. Sospecho que está intentando avisarme de que Tessa ha vuelto.
Abro la puerta antes de que lo haga ella y extiendo el brazo para invitarla a
entrar. No parece en absoluto intimidada ni preocupada por mi cara de cabreo.
—¿Por qué no me has cogido el teléfono cuando te he llamado? —exijo saber.
—Porque te he dicho que volvería pronto, y eso he hecho.
—Pero deberías haberlo cogido. Estaba preocupado.
—¿Estabas preocupado? —Le sorprende mi elección de palabras.
—Sí, preocupado. ¿Qué coño hacías tú con Molly?
Deja el bolso en el respaldo de la silla.
—Ni idea. Steph me invitó a comer con ella y la trajo.
« Maldita Steph.»
—Y ¿por qué coño ha hecho eso? ¿Ha sido borde contigo?
—No más que de costumbre. —Enarca una ceja y me mira.
—Steph es una zorra por haber invitado también a Molly. ¿Qué se cuentan?
—Ni idea, pero creo que corren ciertos rumores sobre mí. —Frunce el ceño
y se sienta en la silla para quitarse los zapatos.
—¿Qué clase de rumores?
« Lo que en realidad quiero decir es: ¿a quién tengo que matar?»
Joder, sigo borracho. ¿Cómo es posible? Han pasado por lo menos tres horas.
Apenas recuerdo que hace mucho alguien me dijo que se necesita una hora por
cada copa que uno se toma para que se te pase la borrachera. Voy a estar pedo
por lo menos durante las próximas diez horas, según ese cálculo. Siempre y
cuando fuera ésa la estimación…
—¿Me has oído? —dice Tessa con calma, incluso un tanto preocupada.
—No, perdona —farfullo.
Se ruboriza.
—Creo que la gente va diciendo por ahí que Zed y yo…, ya sabes.
—¿Ya sé qué?
—Que nos… hemos acostado. —Tiene los ojos cansados y la voz dulce.
—¿Quién lo dice? —intento mantener un tono de voz similar al de ella, a pesar
de que la rabia empieza a bullir en mi interior.
—Imagino que es un rumor. Steph y Molly lo estaban comentando.
No sé si consolarla o dar rienda suelta a mi cabreo. Estoy demasiado
borracho para esta mierda.
Coloca las manos en el regazo y agacha la cabeza.
—No quiero que la gente piense eso de mí.
—No hagas ni caso, son unos imbéciles. Si de verdad corre ese rumor, me
encargaré de desmentirlo. —Tiro de ella para que se siente conmigo en la cama
—. Tú no te preocupes.
—¿No estás enfadado conmigo? —pregunta buscando con sus ojos gris
azulado los míos.
—Sí —le digo—. Estoy enfadado porque tú no me cogías el móvil y tampoco
la dichosa Steph. Pero lo del rumor no me cabrea lo más mínimo. Es probable
que se lo hay an inventado porque les mola ser unos capullos.
La idea de que Steph y Molly le hay an llenado a Tessa la cabeza de tonterías
sólo para hacerle daño me pone malo.
—No entiendo para qué se ha traído a Molly, quien, cómo no, ha tenido que
recordarme que se ha acostado contigo. —Tuerce el gesto y yo también.
—Es una mala puta que no tiene otra cosa que hacer que recordar los tiempos
en los que la reventaba a polvos.
—Hardin —protesta Tessa ante lo descriptivo de mi comentario.
Abre el cierre de su brazalete y lo deja sobre la mesilla.
—¿Todavía estás borracho?
—Un poco.
—¿Un poco?
Sonrío.
—Un poco más que un poco.
—Estás muy raro. —Pone los ojos en blanco y saca su maldita agenda del
cajón de la mesilla.
—¿Por? —Me acerco para ponerme detrás de ella.
—Porque a pesar de que estás borracho te estás portando muy bien. Por
ejemplo, estabas enfadado porque no te cogía el teléfono pero ahora estás
siendo… —Me mira a la cara—. Creo que la palabra es comprensivo. Estás
siendo muy comprensivo con lo de Molly.
—Y ¿qué esperabas?
—No lo sé… ¿Que me gritaras? No tienes un temperamento fácil cuando
estás borracho —dice en voz baja.
Sé que está intentando no molestarme, pero quiere hacerme saber que no va
a andarse con tonterías.
—No voy a chillarte, sólo es que no me gusta verte con ellas. Ya sabes cómo
son, sobre todo Molly, y no quiero que nadie te haga daño. —Luego añado,
enfatizando cada palabra—: De ninguna manera.
—No me lo han hecho pero, aunque sé que es ridículo, por una vez me
apetecía quedar a comer con una amiga, como hace la gente normal.
Quiero decirle que Steph no es precisamente la mejor elección a la hora de
buscar amigas, pero sé que, exceptuando a Landon, a Noah y a mí, no tiene a
nadie más.
Y a Zed.
Bueno, Zed y a no pinta nada aquí. Eso se ha acabado y estoy seguro de que
no volverá a aparecer en una buena temporada.
CAPÍTULO 15
Tessa
El hecho de que Hardin se esté comportando de un modo tan razonable me
sorprende y consigo relajarme un poco. Cruza las piernas y se echa hacia atrás
apoy ándose en las palmas de las manos. No sé si debería sacar el tema de Seattle
ahora mismo, porque lo veo de buen humor, o si será mejor esperar.
Pero si espero, a saber cuándo estará listo para hablar de ello.
Lo miro, él me observa con sus ojos verdes y decido lanzarme.
—Steph quiere celebrar una fiesta de despedida —le digo, y aguardo su
reacción.
—¿Adónde va?
—No, es para mí —le explico, y omito el pequeño detalle de que les he dicho
que Hardin va a venirse conmigo a Seattle.
Me mira raro.
—¿Les has dicho que vas a mudarte?
—Sí, ¿por qué no iba a decírselo?
—Porque aún no lo has decidido, ¿no?
—Hardin, me voy a ir a Seattle.
Se encoge de hombros con despreocupación.
—Todavía tienes tiempo para pensarlo.
—De todos modos…, ¿qué te parece lo de la fiesta? Dice que podríamos
hacer una cena para estar todos juntos en casa de Nate y de Tristan, no en la
fraternidad —le explico, pero Hardin sigue borracho y no parece que me esté
escuchando.
Miro las fechas de mi traslado la semana que viene. Espero que Sandra me
llame pronto, de lo contrario, voy a llegar a Seattle y no tendré casa y tendré que
alojarme en un motel y vivir con lo que cabe en una maleta. Moteles…, qué
asco.
—No, no vamos a ir a esa fiesta. —Esa respuesta no me la esperaba.
Me vuelvo hacia él.
—¿Qué? ¿Por qué no? Si es una cena, no puede ser tan terrible, no habrá
Verdad o desafío, ni Chupa y pásalo, ¿sabes?
Se echa a reír y me mira. Se ve que le hace gracia.
—Chupa y sopla, Tess.
—¡Ya sabes a qué me refiero! Será la última vez que veamos…, en fin, que
y o los vea, y han sido mis amigos, bueno, unos amigos un poco raros. —No
quiero pensar en el inicio de mi « amistad» con el grupo.
—¿Y si lo hablamos más tarde? Me está dando dolor de cabeza —protesta.
Suspiro vencida. Sé por su tono de voz que no va a continuar con la
conversación.
—Ven aquí. —Se recuesta en el colchón y me espera con los brazos abiertos.
Cierro la agenda y me tumbo con él en la cama. Me coloco entre sus piernas
y sus manos se cierran sobre mis caderas. Me mira con sonrisa pícara.
—¿No se supone que estás cabreada conmigo o algo así?
—Estoy un pelín desbordada, Hardin —le confieso.
—¿Por?
Levanto los brazos al cielo.
—Por todo. Seattle, el traslado a otra facultad, la marcha de Landon, tu
expulsión…
—Te engañé —dice sin más, y hunde la nariz en mi vientre.
« Y ¿ahora qué…?»
—¿Cómo? —Enrosco los dedos en su pelo y le levanto la cabeza para que me
mire.
Se encoge de hombros.
—Te he engañado acerca de mi expulsión.
Me echo hacia atrás para alejarme de él. Intenta acercarse de nuevo, pero no
lo dejo.
—¿Por qué?
—No lo sé, Tessa —dice, y se levanta—. Estaba cabreado porque estabas
fuera con Zed y por todo el rollo de Seattle.
Abro mucho la boca.
—¿Me dijiste que te habían expulsado porque estabas enfadado conmigo?
—Sí, bueno, y también por otro motivo.
—¿Qué otro motivo?
Suspira.
—Te vas a enfadar. —Todavía tiene los ojos rojos, pero parece que la
borrachera se le está pasando rápido.
Cruzo los brazos.
—Sí, es más que probable, pero cuenta.
—Pensé que te daría tanta pena que te vendrías conmigo a Inglaterra.
No sé qué pensar de su confesión. Debería mosquearme. Estoy mosqueada.
Estoy que muerdo. Qué cara tiene, intentar hacer que me sienta culpable para
que me vay a a Inglaterra con él. Debería haber sido sincero desde el principio…
Pero, aun así, no puedo evitar sentirme un poco mejor por haberme enterado a
través de él, y no del modo en que normalmente descubro sus mentiras.
Me mira con ojos inquisitivos.
—¿Tessa…?
Lo miro y casi sonrío.
—La verdad es que me sorprende que me lo hayas contado, en vez de
esperar a que me enterase por terceros.
—A mí también. —Acorta la distancia que nos separa y su mano me acaricia
el cuello y la mandíbula—. Por favor, no te enfades conmigo. Soy tonto del culo.
Dejo escapar una tensa exhalación pero me encantan sus caricias.
—Es una defensa pésima.
—No me estoy defendiendo. Soy un capullo, lo sé. Pero te quiero y estoy
harto de tanta mierda. Sabía que lo descubrirías tarde o temprano, y más con el
dichoso viaje con la familia de mi padre a la vuelta de la esquina.
—¿Me lo has contado porque sabías que me iba a enterar de todos modos?
—Sí.
Echo atrás la cabeza y lo miro.
—¿Me lo habrías ocultado y me habrías obligado a irme a vivir a Inglaterra
contigo por pura pena?
—Básicamente…
« ¿Cómo demonios se supone que he de tomarme eso?» Quiero decirle que
está loco, que no es mi padre y que tiene que dejar de intentar manipularme,
pero en vez de eso me quedo ahí con la boca abierta como una idiota.
—No puedes obligarme a hacer cosas a base de mentiras y manipulaciones.
—Sé que es muy retorcido —dice con preocupación en sus ojos verdes—. No
sé por qué soy como soy. Sólo sé que no quiero perderte y que estoy
desesperado.
Pero, por su expresión, sé que no entiende por qué se comporta así.
—No, no lo sabes. De lo contrario, no habrías mentido.
Lleva las manos a mis caderas.
—Tessa, lo siento, de verdad. Debes reconocer que se nos empieza a dar
mejor esto de las relaciones.
Tiene razón. En cierto sentido, demencial, nos comunicamos mucho mejor
que antes. Sigue distando mucho de una relación normal y funcional, pero la
normalidad nunca ha sido lo nuestro.
—¿Con lo del matrimonio tampoco voy a conseguir que te vengas conmigo?
El corazón se me va a salir del pecho y estoy segura de que puede oírlo. Pero
me limito a decir:
—Ya hablaremos de eso cuando no estés borracho.
—Tampoco estoy tan borracho.
Sonrío y le doy una palmadita en la mejilla.
—Demasiado borracho para esa clase de conversación.
Sonríe y me atrae hacia sí.
—¿Cuándo vuelves de Sandpoint?
—¿No vas a venir?
—Aún no lo he decidido.
—Dijiste que vendrías. Nunca hemos viajado juntos.
—Seattle —dice, y me echo a reír.
—En realidad, apareciste sin que nadie te hubiera invitado y te fuiste a la
mañana siguiente.
Me pasa la mano por el pelo.
—Detalles…
—Me apetece mucho que vengas —insisto—. Landon se trasladará pronto. —
Me duele sólo de pensarlo.
—¿Y? —me pregunta meneando la cabeza.
—Y a tu padre le encantaría que vinieras, estoy segura.
—Ah, él. Está cabreado consigo mismo porque me han multado y me han
puesto en el equivalente a la libertad condicional académica. Si la fastidio en lo
más mínimo, se acabó la universidad.
—¿Por qué no te trasladas a la universidad de Seattle conmigo?
—No quiero volver a oír hablar de Seattle esta noche. He tenido un día muy
largo y tengo un dolor de cabeza infernal… —Me besa en la frente.
Aparto la cabeza.
—Te has emborrachado con mi padre y me has mentido sobre tu expulsión:
hablaremos de Seattle cuanto me apetezca —replico tajante.
Hardin sonríe.
—Y te has puesto esos pantalones después de haber estado provocándome
con ellos y no has respondido a mis llamadas. —Me acaricia el labio inferior con
el pulgar.
—No hace falta que me llames tanto. Es asfixiante. Molly ha dicho que eres
un acosador —le suelto, pero sonrío bajo su caricia.
—¿En serio? —Continúa dibujando el contorno de mis labios y los abro sin
querer.
—Sí —suspiro.
—Hum…
—Sé lo que estás tramando. —Le quito la otra mano de mis caderas, allí
donde sus dedos estaban empezando a deslizarse por debajo del elástico de mis
pantalones.
Sonríe.
—¿Qué estoy tramando?
—Estás intentando distraerme para que se me olvide que estoy enfadada
contigo.
—¿Y funciona?
—No del todo. Además, mi padre está aquí y no voy a acostarme contigo
cuando lo tenemos en la habitación contigua. —Le doy un azote juguetón en el
trasero.
Lo único que consigo es que me estreche más contra sí.
—Ah, ¿quieres decir como cuando te follé aquí mismo —dice señalando la
cama—, mientras mi madre dormía en el sofá?
Se me pega un poco más.
—¿O aquella vez que te follé en el baño de la casa de mi padre? ¿O la
infinidad de veces que hemos follado mientras Karen, Landon y mi padre
estaban al final del pasillo?
Me acaricia el muslo por encima de la tela.
—Ah, espera, te refieres a cuando te puse mirando a La Meca en la mesa de
tu despacho en horas de trabajo…
—¡Vale, vale! ¡Lo he pillado! —Me ruborizo y se ríe.
—Vamos, Tessa, túmbate.
—Estás enfermo. —Me echo a reír y me aparto de él.
—¿Adónde vas? —pregunta haciendo pucheros.
—A ver qué está haciendo mi padre.
—¿Por? ¿Para poder volver aquí conmigo y…?
—¡Anda ya!, acuéstate o algo —exclamo.
Me alegro de que esté tan bromista pero, a pesar de su confesión, sigo
enfadada porque me ha mentido y se está comportando como un cabezota al no
estar dispuesto a hablar seriamente de Seattle.
Cuando he vuelto después de la comida en Applebee’s, creía que estaría
furioso conmigo por no haber respondido a sus mensajes. Nunca pensé que
llegaríamos a hablar las cosas y que me confesaría que me había mentido
acerca de su expulsión. Puede que Steph le haya asegurado que estaba volviendo
a casa y le hay a dado tiempo a calmarse. Aunque el teléfono de Steph estaba
encima de la mesa cuando me he marchado…
—¿No has dicho que Steph no te ha cogido el teléfono cuando la has llamado?
—pregunto.
—No, ¿por? —Me mira confuso.
Me encojo de hombros sin saber qué decir.
—Curiosidad.
—¿Por? —dice en un tono raro.
—Porque le he dicho que te dijera que venía de camino y me preguntaba por
qué no lo había hecho.
—Ah.
Desvía la mirada y coge una taza de la cómoda. Esta conversación es
muy rara: Steph no le ha dicho que yo estaba en camino, y ahora él
desvía la mirada…
—Voy a ver qué hace mi padre, puedes venir con nosotros si quieres.
—Eso haré. Voy a cambiarme primero.
Asiento y abro la puerta.
—Y ¿qué hay de él? Acaba de reaparecer en tu vida y ¿vas a marcharte?
Freno en seco. No es que no lo haya pensado, pero que Hardin me dispare la
pregunta por la espalda como si fuera un misil no me gusta nada.
Me tomo un momento para recuperarme antes de salir de la habitación.
Cuando llego a la sala de estar, mi padre está durmiendo. Beberse medio bar a
mediodía debe de ser agotador. Apago el televisor y voy a la cocina a por un
vaso de agua. No paro de pensar en Hardin preguntándome si voy a marcharme
ahora que acabo de encontrar a mi padre. La cuestión es que no puedo hacer
peligrar mi futuro por un padre al que no veo desde hace nueve años. Si las
circunstancias fueran otras, lo pensaría dos veces, pero fue él quien me abandonó
a mí.
Cuando me acerco al dormitorio, oigo que Hardin está hablando.
—¿A qué coño ha venido lo de hoy ? —lo oigo decir con voz amortiguada.
Pego la oreja a la puerta. Sé que debería irme y punto, pero tengo la
sensación de que he de escuchar esta conversación. Lo que significa que me
conviene escucharla.
—Me importa una mierda, no debería haber ocurrido. Ahora está
mosqueada, cuando se supone que lo que tienes que hacer…
No consigo entender el resto de la frase.
—No lo fastidies —añade.
¿Con quién habla? Y ¿qué se supone que tiene que hacer alguien? ¿Es Steph?
O, peor, ¿será Molly?
Oigo unos pasos que se acercan a la puerta y rápidamente me meto en el
cuarto de baño y cierro la puerta.
Al poco rato llaman con los nudillos.
—¿Tessa?
Abro la puerta. Sé que tendría que aparentar que me ha pillado con mis cosas.
El corazón se me va a salir del pecho y tengo un nudo en el estómago.
—Ah, hola. Estaba acabando —digo con un hilo de voz.
Hardin enarca una ceja.
—Vale…
Mira al final del pasillo.
—¿Dónde está tu padre? ¿Está durmiendo?
—Sí —le digo, y sonríe de oreja a oreja.
—Volvamos al dormitorio. —Me coge de la mano, me da la vuelta y me
empuja con suavidad.
Sigo a Hardin de vuelta a nuestra habitación y la paranoia se cuela entre mis
pensamientos como si fuera una vieja amiga.
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