45 y 46

CAPÍTULO 45
Tessa
—Uf, la temperatura ha bajado por lo menos diez grados —dice Robert cuando
salimos por la puerta.
El aire es gélido y me envuelvo con los brazos para intentar mantenerme
caliente. Me mira con el ceño ligeramente fruncido.
—Siento no tener una chaqueta que ofrecerte… Y también siento no poder
llevarte a casa en coche, pero he estado bebiendo. —Con una mirada de horror
juguetona, añade—: Me temo que no estoy siendo muy caballeroso esta noche.
—No pasa nada, de verdad —digo con una sonrisa—. Estoy bastante
borracha, así que tengo calor… Eso no tiene sentido. —Me río y lo sigo por la
acera delante del restaurante—. Aunque debería haberme puesto otros zapatos.
—¿Nos los cambiamos? —bromea.
Le golpeo suavemente el hombro y él sonríe por enésima vez en lo que
llevamos de noche.
—Tus zapatos parecen más cómodos que los de Hardin; sus botas son muy
pesadas, y siempre las deja junto a la puerta, de modo que…, olvídalo. —
Avergonzada por mi último comentario, sacudo la cabeza para detenerme.
—Yo soy más un tío de deportivas —contesta para indicarme que no pasa
nada.
—Yo también. Bueno, no soy un tío. —Me río de nuevo. El vino se me ha
subido a la cabeza y no paro de decir todo lo que se me ocurre, tenga o no sentido
—. ¿Sabes hacia dónde están las cabañas?
Alarga el brazo para detenerme cuando estoy a punto de entrar en el
aparcamiento.
—¿Qué cabañas? Este pueblo está plagado de ellas.
—Pues… Hay una calle con un cartel pequeño y luego hay unas tres o cuatro
cabañas más, y luego… ¿otra calle? —Intento recordar el camino al restaurante
desde la casa de Ken y Karen, pero nada parece tener sentido.
—Eso no me da muchas pistas. —Se ríe—. Aunque podemos caminar hasta
que la encontremos.
—De acuerdo, pero si dentro de veinte minutos no la hemos encontrado, me
voy a un hotel —refunfuño, temiendo el paseo y la discusión que sin duda
tendremos Hardin y y o cuando llegue. Y por discusión me refiero a una batalla
verbal intensa, violenta y eterna. Especialmente cuando descubra que he estado
bebiendo con Robert.
De repente, me vuelvo para mirarlo mientras caminamos en la oscuridad.
—¿Alguna vez te cansas de que la gente te diga lo que tienes que hacer todo el
tiempo?
—Nadie lo hace pero, si lo hicieran, sí, me cansaría.
—Qué suerte. Yo tengo la sensación de que alguien siempre me está diciendo
lo que tengo que hacer, adónde tengo que ir, con quién tengo que hablar, dónde
tengo que vivir… —Dejo escapar el aliento y veo cómo se transforma en vaho
en el aire frío—. Estoy empezando a hartarme.
—No me extraña.
Miro las estrellas por un instante.
—Quiero hacer algo al respecto, pero no sé qué.
—Puede que irte a Seattle te ayude.
—Puede… Pero quiero hacer algo ahora mismo, como huir o insultar a
alguien.
—¿Insultar a alguien? —Se ríe y se detiene para atarse un zapato.
Yo dejo de caminar a unos cuantos metros por delante de él y miro a mi
alrededor. Ahora barajo en mi mente todas las posibilidades de comportamientos
imprudentes y no puedo parar.
—Sí, insultar a alguien en particular.
—Pero tómatelo con calma. Sé que insultar a alguien es algo bastante
agresivo y tal, pero quizá deberías empezar con algo más light —dice.
Me lleva un momento darme cuenta de que me está tomando el pelo, pero
cuando lo hago, le veo la gracia.
—Hablo en serio. Ahora mismo tengo ganas de hacer alguna… ¿locura? —
Me muerdo el labio superior mientras medito el qué.
—Es el vino…, es bastante fuerte y has bebido mucho en poco tiempo.
Ambos reímos de nuevo y y a no podemos parar. Lo único que me devuelve a
la normalidad son los pequeños farolillos tipo cantina que penden de un pequeño
edificio cercano.
—Ése es el bar del pueblo —me informa Robert tras señalarlo con la cabeza.
—¡Qué pequeño! —exclamo.
—Bueno, no tiene que ser enorme cuando es el único de la ciudad. Es
bastante divertido. Las camareras bailan sobre la barra y todo eso.
—¿Como en El bar Coyote?
Su sonrisa se intensifica.
—Sí, sólo que estas mujeres tienen todas más de cuarenta años y van más
vestidas.
Su sonrisa es contagiosa, y y a sé qué vamos a hacer ahora.

CAPÍTULO 46
Hardin
—No, te he dicho que una copa, y lo decía en serio. —Pongo los ojos en blanco y
hago girar el hielo dentro de la copa vacía con el dedo.
—Lo que tú digas. —Riley le hace un gesto a la camarera y pide dos bebidas
más.
—He dicho que no…
—Nadie ha dicho que sean para ti —replica mirándome con
condescendencia—. A veces una chica necesita un respaldo.
—Bien, pues que te diviertas. Yo me voy a por Tessa ahora mismo. —Me
levanto del taburete, pero ella me agarra de la camisa otra vez—. Deja de
tocarme.
—Tío, deja y a de ser tan capullo. Te he dicho que iré contigo; pero espera a
que me termine estas copas. ¿Has pensado ya en qué vas a decirle, o tu intención
es simplemente entrar ahí en plan cavernícola?
—No. —Me siento de nuevo.
La verdad es que no he pensado qué voy a decirle. No necesito decir nada
más que « Vámonos de una puta vez» .
—¿Tú qué dirías? —me atrevo a preguntar.
—Pues, para empezar —se detiene para darle a la camarera dos billetes de
cinco dólares cuando ella le acerca los vasos—, Lillian nunca estaría en un
restaurante con otra chica… o chico, sin mí. —Da un buen trago a uno de los
vasos y me mira—. Yo ya habría convertido en cenizas el lugar.
No me gusta mucho su tono.
—Y ¿me dices a mí que venga a tomarme una copa antes de ir?
Se encoge de hombros.
—No he dicho que mi reacción fuese la más correcta. Pero es lo que haría.
—No dices más que gilipolleces, y tú eres una gilipollas. Me largo.
Doy un par de pasos hacia la puerta, y la música country que me da dolor de
cabeza empieza a aumentar de volumen y sé lo que va a pasar a continuación.
No debería haber venido a este bar de mierda. Debería haber ido directamente a
buscar a Tessa. Los clientes habituales comienzan a jalear. Me vuelvo y veo que
dos de las camareras de mediana edad se están subiendo a la barra.
Joder, qué incómodo. Entretenido, pero raro de cojones.
—¡Vas a perderte el espectáculo! —se ríe Riley.
Estoy a punto de decir algo, pero entonces oigo un sonido detrás de mí y, una
vez más, intuyo lo que está a punto de pasar. Cuando me vuelvo, la boca se me
seca y la sangre me hierve al instante. Porque, al hacerlo, veo cómo Tessa entra
tambaleándose por la puerta del pequeño bar de carretera. Con él.
En lugar de ir corriendo a por él como me gustaría, regreso a la barra y le
digo a Riley a su espalda:
—Tessa está aquí. Con él. Es ésa.
Ella aparta la vista de las viejas de la barra y se da la vuelta. Se queda
boquiabierta.
—Joder, qué buena está.
La fulmino con la mirada.
—Para. No la mires así.
—Lillian me ha dicho que era guapa, pero, joder, menudas tet…
—No termines esa frase.
Miro a Tessa. Joder, ya sé que está buenísima, pero lo más importante es que
está borracha y se está riendo mientras avanza junto a las mesas altas. Escoge
una vacía que está cerca del aseo y se sienta.
—Voy para allá —le digo a Riley.
No tengo ni puta idea de por qué le cuento nada, pero una parte de mí quiere
saber qué haría ella si estuviera en mi lugar. Sé que Tessa está cabreada conmigo
por un montón de motivos, y la verdad es que no quiero añadir más leña al fuego.
De todos modos, no tiene ningún derecho a estar mosqueada. Es ella la que está
ahí con ese como se llame del restaurante, y ahora ha llegado aquí
tambaleándose, borracha y riéndose. Con él.
—¿Por qué no esperas un poco? Ya sabes, para observarla un rato —sugiere
Riley.
—Qué idea tan absurda. ¿Por qué iba a quedarme aquí a ver lo bien que se lo
pasa con ese gilipollas? Ella es mía y…
Riley me mira con ojos curiosos.
—¿Se enfada cuando le dices que es tuya?
—No. Le gusta. Creo… —Al menos, una vez me dijo que le gustaba: « Soy
tuy a, Hardin, tuy a» , gimió contra mi cuello mientras yo meneaba las caderas y
me hundía más en ella.
—Lil se enfada mucho cuando digo eso. Piensa que la estoy reclamando
como si fuera una propiedad o algo —me dice Riley, pero y o sólo puedo
concentrarme en Tessa, en cómo se recoge el pelo largo con una mano y se lo
coloca sobre uno de los hombros.
Mi furia aumenta, cada vez estoy más cabreado y se me está nublando el
juicio. ¿Cómo es posible que no se haya dado cuenta de que estoy aquí? Yo
siempre noto cuando ella entra en una habitación, es como si el aire cambiara, y
mi cuerpo puede sentir, literalmente, cómo el suyo se acerca. Pero ella está
demasiado ocupada prestándole atención a él; el muy capullo debe de estar
explicándole la manera correcta de servir el agua en un puto vaso o algo así.
Con la mirada aún fija en mi chica, digo:
—Bueno, Tessa es mía, así que me da igual que piense que la estoy
reclamando.
—Hablas como un auténtico capullo —dice Riley, y mira hacia Tessa—. Pero
tienes que comprometerte. Si se parece en algo a Lillian, se acabará hartando y
te dará un ultimátum.
—¿Qué? —Aparto los ojos de Tessa por un instante, y es una tortura.
—Lillian se hartó de mis movidas y me dejó. Ella —levanta la copa hacia
Tessa— hará lo mismo si no escuchas lo que quiere de vez en cuando.
Es increíble lo diferentes que son Riley y su novia. Lillian es mucho más
simpática.
—Mira, tú no sabes nada de nuestra relación, así que no tienes ni idea de lo
que estás diciendo.
Observo de nuevo a Tessa, que ahora está sentada sola, jugueteando con un
mechón de pelo suelto y meneando los hombros al ritmo de la música. Al cabo
de un segundo, localizo a su amigo el camarero al final de la barra, y la distancia
que hay entre ellos calma ligeramente mis nervios.
—Mira, tío —dice Riley—, no necesito conocer todos los detalles. Me he
pasado la última… casi una hora contigo. Sé que eres un imbécil, y que ella es
una dependiente de… —Cuando abro la boca para insultarla, continúa—: Lillian
también lo es, así que no te pongas farruco. Es dependiente, y lo sabes. Pero
¿sabes qué es lo mejor de tener una novia dependiente? —Sonríe con malicia—.
Aparte del sexo frecuente, claro…
—Ve al grano. —Pongo los ojos en blanco y miro de nuevo a Tessa.
Tiene las mejillas rojas y los ojos abiertos como platos, divertida ante el
espectáculo de las mujeres que concluyen su baile en la barra. Me verá aquí de
pie de un momento a otro.
—Lo mejor es que nos necesitan, aunque no de la manera en que esperas que
te necesiten. También necesitan que estemos ahí para ellas de vez en cuando.
Lillian siempre estaba tan centrada en intentar salvarme… o lo que cojones
estuviera haciendo… que sus necesidades no estaban siendo cubiertas. Ni siquiera
sabía cuándo era su cumpleaños y no hacía nada por ella. Creía que sí, porque
siempre estaba a su alrededor y le decía que la quería de vez en cuando, pero eso
no era suficiente.
Un escalofrío desagradable recorre mi espalda. Observo cómo Riley apura el
resto de su primera bebida.
—Pero ahora está contigo, ¿no?
—Sí, pero sólo porque le demostré que puede contar conmigo y que no soy la
zorra que era cuando me conoció. —Mira a Tessa y después a mí de nuevo—.
¿Sabes eso que publican todas las niñas tontas en internet? Creo que es algo así
como… « Mientras tú haces…» , « Si tú no…» . Mierda, no me acuerdo, pero
básicamente quiere decir que si tú no tratas bien a tu chica, otra persona lo hará.
—Yo no la trato mal.
« Al menos, no todo el tiempo.»
Empieza a reírse con incredulidad.
—Tío, admítelo. Oye, y o no soy ninguna santa. Aún no trato a Lillian todo lo
bien que debería, pero al menos soy consciente de ello. Tú estás en una especie
de estado de negación si de verdad crees que no la tratas como una mierda. Si
fuese así, ella no estaría ahora sentada con ese gilipollas, que resulta ser
completamente opuesto a ti, y además está bastante bueno.
No puedo negárselo. Tiene razón, en casi todo. Pero no trato a Tessa como
una mierda todo el tiempo, sólo cuando hace algo para cabrearme. Como ahora.
Y antes.
—Te está mirando —me dice Riley, y se me hiela la sangre.
Giro la cabeza lentamente en su dirección.
Me está mirando fijamente, con furia, y juraría que incluso veo una pequeña
llama roja en sus ojos cuando mira a Riley y después a mí otra vez. No se
mueve. Ni siquiera parpadea. Su expresión de sorpresa se torna salvaje al
instante, y su mirada asesina me deja de piedra.
—Está como una cuba. —Riley se ríe a mi lado y tengo que hacer un gran
esfuerzo para no echarle su bebida por encima.
En lugar de hacerlo, farfullo:
—Cállate.
Cojo el vaso y me aproximo a Tessa.
El capullo del camarero sigue en la barra cuando llego hasta ella.
—Vaya, jamás habría imaginado que estarías aquí, en un bar, bebiendo con
otra chica. Qué sorpresa —me suelta con una sonrisa sarcástica.
—¿Qué haces aquí? —pregunto acercándome a ella.
Ella se aparta.
—¿Qué haces tú aquí?
—Tessa… —le advierto, y pone los ojos en blanco.
—Esta noche, no, Hardin. No va a pasar. —Se baja de la silla alta y se tira del
bajo del vestido.
—No te alejes de mí. —Mis palabras suenan como una orden, pero sé que en
realidad es una súplica. La agarro del brazo, pero ella se suelta.
—¿Por qué no? Es lo que tú haces siempre. —Mira a Riley con odio de nuevo
—. Ambos hemos venido con otras personas.
Niego con la cabeza.
—Joder, no. Ésa es la novia de Lillian.
Sus hombros se relajan al instante.
—Ah. —Me mira a los ojos y se muerde el labio inferior.
—Tenemos que marcharnos de aquí ya.
—Pues marchaos.
—Me refería a ti y a mí —le aclaro.
—Yo sólo pienso ir a un sitio divertido. Más divertido que este lugar, ya que tú
estás aquí y siempre estás obstaculizando mi diversión. Eres como la policía de la
diversión. —Sonríe ante su propia broma estúpida y continúa—: ¡Eso es justo lo
que eres! La policía de la diversión. Debería pedir que te hicieran una placa para
que la lleves todo el tiempo, así podrás evitar que todo el mundo se divierta —me
suelta, y empieza a partirse de risa.
« Joder, está borracha de la hostia.»
—¡¿Cuánto has bebido?! —grito por encima de la música.
Pensaba que bajarían el volumen, pero parece ser que el público ha pedido
un bis de las bailarinas mayores.
Se encoge de hombros.
—No lo sé. Unas cuantas, y ésta también.
Me coge el vaso de la mano y, antes de que pueda detenerla, lo coloca sobre
la mesa y se sube de nuevo a la silla.
—No te bebas eso. Salta a la vista que estás como una cuba.
—¿Qué es ese sonido? —Se lleva la mano a la oreja—. ¿Es la sirena del
coche de la policía de la diversión? Nino, nino, nino… —Pone morritos como un
niño durante un segundo y después se ríe—. Lárgate si vas a joderme la fiesta.
Entonces se lleva el vaso a la boca y bebe tres grandes tragos. Se ha tomado
media copa en cuestión de segundos.
—Vas a acabar vomitando —digo.
—Bla, bla, bla… —se burla, meneando la cabeza hacia adelante y hacia atrás
con cada palabra. Mira detrás de mí y una sonrisilla de superioridad se dibuja en
sus labios—. Ya conoces a Robert, ¿verdad?
Miro a un lado y me encuentro al capullo con una bebida en cada mano.
—Me alegro de verte otra vez —dice, y pone una media sonrisa. Tiene los
ojos iny ectados en sangre. Él también está borracho.
« ¿Se habrá aprovechado de ella? ¿La habrá besado?»
Inspiro hondo.
« Su padre es el sheriff. Su padre es el sheriff. Su padre es el sheriff…
» Su padre es el puto sheriff de este pueblo de mierda.»
Miro a Tessa de nuevo y digo por encima del hombro:
—Lárgate.
Ella pone los ojos en blanco. Había olvidado lo audaz que se vuelve cuando el
alcohol inunda su organismo.
—No te vayas —le dice desafiándome, y él se sienta a la mesa—. ¿No tienes
compañía a la que entretener? —me provoca.
—No, no la tengo. Vámonos a casa.
Me está costando mucho controlar mi temperamento. Si ésta fuese cualquier
otra noche, ya le habría estampado la cara a Robert contra la mesa.
—La cabaña no es nuestra casa; estamos a horas de casa. —Se termina la
bebida que me ha robado y después me mira con una mezcla de odio, ligereza
ebria e indiferencia—. En realidad, a partir del lunes y o ya no tengo casa,
gracias a ti.

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