55 / 56
CAPÍTULO 55
Hardin
Cuando llamo a la puerta del despacho de mi padre, siento náuseas. No me puedo
creer que haya llegado a esto, a acudir a él en busca de consejo. Sólo necesito a
alguien que me escuche, alguien que sepa cómo me siento, o que al menos pueda
imaginarlo.
Su voz me llega desde el interior de la estancia:
—Entra, cariño.
Dudo antes de hacerlo, sabiendo que esto es incómodo, aunque necesario. Me
siento en la silla frente a su gran escritorio y veo cómo pasa de mostrarse
expectante a estar sorprendido.
Una leve risa escapa de su boca.
—Lo siento, creí que eras Karen —dice, pero viendo mi humor se interrumpe
y me observa con detenimiento.
Asiento y miro hacia otro lado.
—No sé por qué he venido, pero es que no sabía adónde ir.
Escondo el rostro entre las manos y mi padre se sienta al borde de su
escritorio de caoba.
—Me alegro de que hayas recurrido a mí —me dice en voz baja, calibrando
mi reacción.
—Yo no diría exactamente que haya recurrido a ti —replico.
Sí que lo he hecho, pero no quiero que crea que esto es un gran paso en
nuestra relación o alguna mierda por el estilo, aunque puede que sí lo sea. Lo
observo tragar saliva y asentir lentamente; sus ojos se fijan en cualquier punto de
la sala excepto en mí.
—No hace falta que te pongas nervioso, no me va a dar un chungo ni voy a
romper nada —le digo mirando la hilera de placas decorativas a su espalda—.
No tengo energía para eso.
Cuando no responde, dejo escapar un suspiro.
Por supuesto, eso sí que lo hace reaccionar, esa señal de mi derrota, así que
dice:
—¿Quieres contarme qué ha ocurrido?
—No, no quiero —contesto mirando los libros alineados en su pared.
—De acuerdo…
Suspiro, sintiendo la inevitabilidad del momento.
—No quiero, pero supongo que tendré que hacerlo.
Mi padre me mira, perplejo durante un segundo, y sus ojos castaños se
agrandan al estudiarme detenidamente, sin duda esperando una trampa.
—Créeme —le aseguro—, si tuviera alguien más a quien acudir no estaría
aquí, pero Landon es un jodido chaquetero y siempre se pone de su parte.
Sé que eso no es ni medio verdad, pero en estos momentos no quiero los
consejos de Landon. Es más, no quiero admitir ante él lo capullo que he sido y la
mierda que le he soltado a Tessa durante los últimos días. No es que su opinión
me importe mucho, pero por alguna razón me importa más que la de ningún otro,
excepto la de Tessa, claro.
Mi padre me dedica una dolorosa sonrisa.
—Lo sé, hijo.
—Bien.
No sé por dónde empezar y, honestamente, aún no estoy seguro de por qué he
venido aquí. Tenía la intención de ir a un bar y tomarme algo, pero de algún
modo he acabado aparcando frente a la casa de mi padre…, no, de papá. La
manía de Tessa de llamarlos sólo madre y padre en vez de mamá o papá solía
volverme loco, pero ahora se me escapa a mí también. Aunque tiene suerte de
que me refiera a él como padre o papá en vez de Ken o cabrón, como he estado
llamándolo la mayor parte de mi vida.
—Bueno, como probablemente habrás deducido, al final Tessa me ha dejado
—admito alzando los ojos hacia él. Mi padre se esfuerza por mantener una
expresión neutra mientras espera a que y o continúe, pero todo cuanto añado es
—: Y no la he detenido.
—¿Estás seguro de que no volverá? —pregunta.
—Sí, estoy seguro. Me dio multitud de oportunidades para que la detuviera, y
no ha intentado llamarme ni enviarme un mensaje en… —miro el reloj de la
pared— casi veintiocho horas; además, no tengo ni la menor idea de dónde está.
Había esperado encontrar su coche en la entrada cuando llegué a casa de
Ken y Karen. Estoy seguro de que ésa es una de las razones por las que he
venido aquí. ¿Adónde más podría haber ido? Espero que no haya conducido todo
el camino hasta casa de su madre.
—Pero ya habéis pasado por esto antes —empieza a decir mi padre—. Y
siempre encontráis la manera de…
—¿Me estás escuchando? Te he dicho que no va a volver —resoplo
interrumpiéndolo.
—Te estoy escuchando, sí. Sólo siento curiosidad por saber por qué esta vez es
diferente.
Cuando lo miro fijamente, él me devuelve la mirada impasible, y resisto la
necesidad de levantarme y abandonar su recargado despacho.
—Es así y punto. No sé cómo estoy tan seguro de ello, y probablemente
pensarás que soy un idiota por haber venido aquí, pero estoy cansado, papá,
estoy terriblemente cansado de ser así, y no sé qué hacer al respecto.
« Joder. Parezco desesperado y terriblemente patético.»
Él abre la boca para hablar, pero se detiene y no dice nada.
—La culpa es tuy a —continúo—. De verdad que es tuya. Porque si hubieses
estado ahí para mí, quizá podrías haberme enseñado a…, no sé…, a no tratar a la
gente como una mierda. Si hubiese tenido una figura masculina en casa mientras
crecía, quizá ahora no sería un mierda. Si no encuentro alguna solución para
Tessa y para mí, acabaré siendo como tú. Bueno, como tú antes de convertirte en
esto. —Señalo su chaleco de punto y sus pantalones de vestir perfectamente
planchados—. Si no puedo encontrar una forma de dejar de odiarte, nunca seré
capaz de…
No quiero acabar la frase delante de él. Lo que quiero decir es que, si no
puedo dejar de odiarlo, nunca seré capaz de mostrarle a ella lo mucho que la
quiero y tratarla como debo, como ella se merece.
Mis palabras no mencionadas flotan en el sofocante estudio de paneles de
madera como un espíritu torturado que ninguno de nosotros sabe cómo exorcizar.
—Tienes razón —me sorprende al final.
—¿La tengo?
—Sí, la tienes. Si hubieses tenido un padre para guiarte y enseñarte a ser un
hombre, estarías más preparado para hacer frente a estas situaciones, y para la
vida en general. Yo me culpo a mí mismo por tu… —lo veo buscar las palabras
apropiadas y me descubro a mí mismo inclinándome un poco hacia él—
comportamiento. Tu forma de ser es culpa mía. Todo es parte de mí y de los
errores que he cometido. Cargaré con la culpa por mis pecados durante el resto
de mi vida, y por todo ello lo siento mucho, hijo, muchísimo.
La voz se le quiebra al final y de pronto siento… siento…
Que estoy a punto de vomitar.
—Bueno, esto es genial, tú puedes ser perdonado, ¡pero el resultado de tus
acciones es cómo soy y o ahora! ¿Qué se supone que voy a hacer al respecto?
Comienzo a tirarme de las pieles de alrededor de las uñas y me doy cuenta
de que, sorprendentemente, tengo los nudillos sin marcas para variar. De algún
modo, eso aplaca parte de mi rabia.
—Tiene que haber algo que pueda hacer —digo en voz baja.
—Creo que deberías hablar con alguien —sugiere mi padre.
Pero su respuesta me resulta insuficiente, y la rabia vuelve a aflorar.
« ¿En serio que tengo que hablar con alguien?, ¿quién coño lo iba a decir?»
Sacudo la mano en el aire, entre los dos.
—Y ¿qué estamos haciendo ahora? Estamos hablando.
—Me refiero a un profesional —replica con calma—. Tienes mucha rabia
acumulada desde la infancia, y a no ser que encuentres la forma de liberarla, o
al menos de gestionarla de una forma sana, me temo que no conseguirás ningún
progreso. Yo no puedo darte las herramientas para ello; yo soy el responsable de
tu dolor, y dudarías de todo lo que te dijera en tus momentos de mayor irritación,
incluso si lo dijera por tu bien.
—Entonces ¿venir aquí ha sido una pérdida de tiempo? ¿No hay nada que
puedas hacer?
Sabía que debería haberme ido de bares. Ahora ya podría ir por mi segundo
whisky con cola.
—No ha sido una pérdida de tiempo. Ha sido un gran paso en tu esfuerzo por
convertirte en mejor persona. —Me sostiene la mirada de nuevo y literalmente
puedo paladear el whisky que debería estar bebiendo ahora mismo en lugar de
estar teniendo esta conversación—. Ella estaría muy orgullosa de ti —añade.
¿Orgullosa? ¿Por qué diablos iba a estar nadie orgulloso de mí? Asombrada de
verme aquí, quizá, pero orgullosa…, no.
—Me llamó borracho —confieso sin pensar.
—Y ¿tiene razón? —pregunta, con evidente preocupación en la cara.
—No lo sé. No creo que lo sea, pero no lo sé.
—Si no sabes si eres un alcohólico, tal vez deberías descubrirlo antes de que
sea demasiado tarde.
Estudio la cara de mi padre y puedo ver auténtico miedo por mí tras sus ojos.
Siente el miedo que tal vez yo debería tener.
—¿Por qué empezaste tú a beber? —pregunto. Siempre he querido saber la
respuesta a esa pregunta, pero nunca me había sentido con derecho a preguntar.
Él suspira, y sus manos se elevan para alisar su corto cabello.
—Bueno, tu madre y yo no estábamos en nuestro mejor momento, y la
espiral descendente empezó cuando me fui una noche y me emborraché. Por
« emborracharme» quiero decir que no podía ni caminar hasta casa, pero
descubrí que me gustaba cómo me sentía, inmóvil o no. Me dejaba insensible a
todo el dolor que sentía, y después de aquel día se convirtió en un hábito. Pasaba
más tiempo en el maldito bar al otro lado de la calle del que pasaba contigo y con
ella. Llegué a un punto en el que no podía funcionar sin licor, aunque realmente
tampoco estaba funcionando con él. Era una batalla perdida.
No recuerdo nada de antes de que mi padre se convirtiera en un borracho;
siempre había creído que y a era así desde antes de que yo naciera.
—¿Qué era tan doloroso para que intentaras escapar de ello?
—Eso no importa. Lo que importa es que un día por fin desperté y me
rehabilité.
—Después de dejarnos —le recordé.
—Sí, hijo, después de que os dejara a los dos. Estabais mejor sin mí. No podía
ser un buen padre ni un buen marido. Tu madre hizo un trabajo excelente
criándote, desearía que no hubiera tenido que hacerlo sola, pero al final resultó
mejor así que conmigo cerca.
La rabia arde en mi interior y clavo los dedos en los brazos de la
butaca.
—Pero sí que puedes ser un marido para Karen y un padre para Landon.
Ya está, ya lo he dicho. Siento tanto jodido resentimiento hacia este hombre
que fue un cabrón borracho durante toda mi vida, que jodió mi existencia pero
que consiguió volver a casarse y adoptar un nuevo hijo y una nueva vida… Por
no mencionar que ahora es rico y que nosotros no teníamos una mierda mientras
crecía. Karen y Landon tienen todo lo que mi madre y yo deberíamos haber
tenido.
—Sé que eso es lo que parece, Hardin, pero no es verdad. Conocí a Karen dos
años después de dejar de beber. Landon y a tenía dieciséis, y yo no intentaba ser
una figura paterna para él. Él tampoco creció con un padre en casa, así que me
aceptó enseguida. No era mi intención tener una nueva familia y
reemplazarte…, nunca podría reemplazarte. Nunca quisiste saber nada de mí, y
no te culpo por ello…, pero, hijo, había pasado la mitad de mi vida en la
oscuridad…, en una cegadora y desoladora oscuridad. Y Karen fue mi luz, como
Tessa lo es para ti.
Casi se me para el corazón ante la mención de Tessa. Estaba tan perdido
reviviendo mi infancia de mierda que por un momento he dejado de pensar en
ella.
—No pude hace otra cosa que sentirme feliz y agradecido cuando Karen
llegó a mi vida, Landon incluido —continúa Ken—. Daría lo que fuera por tener
contigo la misma relación que tengo con él; quizá algún día pueda ser así.
Puedo ver que mi padre está sin aliento después de una confesión como ésa,
y y o me siento sin palabras. Nunca antes había tenido una conversación de este
tipo con él, o con nadie excepto con Tessa. Ella siempre parece ser la excepción.
No sé qué decirle. No puedo perdonarlo por joder mi vida y escoger la
bebida por encima de mi madre, pero decía en serio lo de intentar perdonarlo. Si
no lo hago, nunca podré ser normal. En serio, ni siquiera estoy seguro de si
alguna vez podré ser « normal» , pero me gustaría ser capaz de pasar una
semana entera sin romper algo o a alguien.
La humillación en la cara de Tessa cuando le dije que abandonara el
apartamento está grabada en mi mente. Pero en vez de tratar de borrarla como
siempre hago, la acepto. Necesito recordar lo que le hice, se acabó ocultarme de
las consecuencias de mis acciones.
—No has dicho nada —me dice mi padre interrumpiendo mis pensamientos.
La imagen del rostro de Tessa comienza a desaparecer y, aunque intento
aferrarme a ella, se esfuma. El único consuelo que me queda es saber que
volverá a perseguirme pronto.
—No sé qué demonios decir. Esto ha sido demasiado para mí; no sé qué
pensar —admito.
La honestidad de mis palabras me aterroriza, y aguardo a que él aproveche
para hacerlo todo más incómodo.
Pero no lo hace. Simplemente asiente y se pone en pie.
—Karen está preparando la cena, por si quieres quedarte.
—No, paso —gruño.
Quiero ir a casa. El único problema de mi casa es que Tessa no está allí. Y
todo es por mi maldita culpa.
Me crucé con Landon en la entrada cuando salía, pero lo ignoré y me largué
antes de que intentara darme algún consejo no solicitado. Debería haberle
preguntado dónde estaba Tessa; estoy desesperado por saberlo, pero también me
conozco y sé que me presentaría allá donde estuviera e intentaría convencerla de
que volviera conmigo. Necesito estar con ella sea donde sea. Escuchar cómo mi
padre me contaba por qué fue un padre de mierda ha sido un paso en la dirección
correcta, pero no voy a dejar de ser un bastardo controlador de golpe y porrazo.
¿Y si Tessa está en algún lugar donde no quiero que esté…?, como con Zed, por
ejemplo…
« ¿Está con Zed? Me cago en todo, ¿podría estar con él?»
No lo creo, pero tampoco es que yo le haya dado facilidades para tener
muchos amigos. Y si no está con Landon…
No, no está con Zed. No puede estarlo.
Sigo convenciéndome a mí mismo de ello mientras subo a nuestro
apartamento en el ascensor. Parte de mí desea que quien fuera el cabrón que
entró en casa hay a vuelto; me iría de muerte un escape para mi creciente rabia.
Un escalofrío me recorre la espalda y todo el cuerpo. ¿Y si Tessa hubiese
estado sola en casa cuando se coló el intruso? La imagen de su rostro enrojecido
y empapado en lágrimas de mis pesadillas aparece ante mí y me pongo rígido. Si
alguien intenta herirla alguna vez, será lo último que haga en su puta vida.
¡Soy un maldito hipócrita! Aquí estoy, amenazando con matar a alguien por
herirla cuando parece que eso es lo único que soy capaz de hacer.
Después de pillar una botella de agua y de recorrer el apartamento vacío
durante unos minutos, empiezo a sentir ansiedad. Para mantenerme ocupado le
echo un vistazo a la colección de libros de Tessa. Se ha dejado un montón, y sé
que eso la estará matando. Una prueba más de lo tóxico que soy.
Una libreta de tapas de cuero escondida entre dos ediciones distintas de Emma
llama mi atención, y paso los dedos por el cierre. Lo abro y de un rápido vistazo
descubro que la letra de Tessa llena cada página. ¿Es algún tipo de diario que no
sabía que tenía?
Escrito pulcramente en la primera página aparece el título: « Introducción a
la asignatura de religión internacional» . Me siento en la cama con el libro en las
manos y comienzo a leer.
CAPÍTULO 56
Tessa
Logan me llama desde el otro lado de la cocina, pero cuando le queda claro que
no puedo oírle, se me acerca.
—Es genial que hay as venido. ¡No sabía si lo harías! —dice con una gran
sonrisa.
—No podía perderme mi propia fiesta de despedida —contesto alzando el
vaso rojo que tengo entre las manos a modo de brindis.
—Te he echado de menos por aquí; hace tiempo que nadie estrangula a
Molly.
Se ríe y echa la cabeza hacia atrás para verter un licor claro directamente de
la botella a su boca. Se lo traga, parpadea y se aclara la garganta, sacudiendo la
cabeza de una forma que me hace estremecer al pensar en lo mucho que debe
de arderle.
—Siempre serás mi heroína por eso —bromea, y me ofrece la botella.
Niego con la cabeza y le muestro mi vaso medio vacío.
—Estoy segura de que no pasará mucho antes de que alguien más venga y
vuelva a hacerlo —replico, y me tomo un momento para sonreír al imaginarlo.
—¡Oh, oh…! Hablando del rey de Roma… —dice Logan con la vista clavada
en un punto a mi espalda.
No quiero volverme.
—¡¿Por qué?! —gimo en voz baja apoyando un codo en la encimera.
Cuando Logan, juguetón, vuelve a ofrecerme la botella, la acepto.
—Bebe. —Sonríe y se aleja, dejándome con la botella.
Molly aparece entonces en mi línea de visión y alza su vaso rojo a modo de
saludo.
—Por mucho que me entristezca tu marcha —dice, con la voz
engañosamente suave y dulce—, me alegro de no tener que volver a verte.
Aunque echaré de menos a Hardin…, las cosas que ese chico puede hacer con la
lengua…
Pongo los ojos en blanco mientras trato de pensar en una réplica, pero no lo
consigo. Los celos me corren por las venas como el hielo y considero la idea de
volver a estrangularla aquí mismo, ahora mismo.
—Oh, lárgate —digo por fin, y ella se echa a reír. Es un ruido insoportable, en
serio.
—Oh, vamos, Tessa. Fui tu primera enemiga en la facultad, eso debería
contar para algo, ¿no? —Me guiña un ojo y hace chocar su cadera contra la mía
al pasar por mi lado.
Esta fiesta ha sido una idea horrible; debería haberlo pensado mejor antes de
venir a este sitio, especialmente sin Hardin. Steph ha desaparecido, y aunque
Logan ha sido lo suficientemente majo como para hacerme compañía durante
un minuto, y a ha encontrado a una chica más disponible que lo mantenga
ocupado. Cuando veo a la chica por primera vez, está de perfil y parece pija y
muy normal, pero cuando se vuelve y la veo de frente me quedo de piedra al
comprobar que tiene la otra mitad de la cara llena de tatuajes. « Ayy y.»
Empiezo a preguntarme si serán permanentes mientras me sirvo otro trago.
Planeo acunar este vaso toda la noche y darle sorbitos muy lentamente. De otro
modo, la fachada que he estado esforzándome por mantener se hará añicos y se
derrumbará y acabaré siendo la pesada borracha que llora cada vez que alguien
la mira.
Me obligo a dar una vuelta lenta alrededor de la casa en busca del cabello
rojo de Steph, pero no aparece por ningún lado. Cuando por fin localizo la cara
familiar de Nate, veo que él también se está trabajando a una chica y no quiero
interrumpirlo. Me siento tan fuera de lugar… No sólo porque no acabo de
encajar con esta gente, sino porque tengo la sensación de que, aunque esta fiesta
haya sido bautizada como nuestra « fiesta de despedida» , no creo que a nadie de
los de aquí le importe si Hardin y yo desaparecemos. Quizá habrían mostrado
más interés si él hubiera venido conmigo; después de todo, Hardin es su amigo.
Tras permanecer sentada junto a la encimera de la cocina durante casi una
hora, por fin oigo la voz de Steph, que exclama:
—¡Estabas aquí!
A estas alturas y a me he comido todo un cuenco de pretzels y llevo dos copas.
Me he estado debatiendo entre llamar o no a un taxi, pero ahora que Steph
finalmente ha vuelto a aparecer, intentaré aguantar un poco más. Tristan, Molly
y Dan están con ella, y me esfuerzo en mantener una expresión neutra.
Echo de menos a Hardin.
—¡Pensé que te habías ido o algo! —grito por encima de la música,
intentando apartar de mi cabeza lo mal que me siento por estar aquí sin él.
Durante la última hora he estado luchando por mantenerme alejada de su
dormitorio del primer piso; tengo tantas ganas de ir allí, de esconderme de la
incómoda multitud, de recordar…, no sé. Mi mirada sigue gravitando hacia la
escalera, y eso me está matando poco a poco.
—¡De eso, nada! Te he traído una copa. —Steph sonríe y coge el vaso que
tengo en la mano. Lo reemplaza por otro idéntico lleno de un líquido rosa—.
Vodka sour de cereza, ¡tachán! —chilla ante mi confusión.
Acto seguido, fuerza una risa incómoda mientras me llevo la copa a los
labios.
—¡Por tu última fiesta con nosotros! —brinda, y multitud de extraños alzan
sus copas al aire.
Molly mira hacia otro lado mientras yo echo la cabeza hacia atrás y permito
que el dulce sabor de la cereza inunde mi boca.
—Justo a tiempo —le dice Molly a Steph, y me doy la vuelta rápidamente.
No sé si quiero que la persona que acaba de llegar sea Hardin o no, pero mi
dilema queda resuelto cuando Zed entra en la cocina vestido todo de negro.
Me quedo con la boca un poco abierta y me vuelvo hacia Steph.
—Me dijiste que no estaría aquí.
Lo último que necesito en este momento es otro recordatorio del lío en el que
he convertido mi vida. Ya me despedí de Zed y no estoy preparada para reabrir
las heridas causadas por ser su amiga.
—Lo siento —dice ella encogiéndose de hombros—. Se acaba de presentar.
No lo sabía. —Se inclina hacia Tristan.
Le dedico una mirada alentada por el alcohol.
—¿Estás segura de que esta fiesta es para mí?
Sé que sueno desagradecida, pero el hecho de que Steph haya invitado a Zed
y a Molly realmente me molesta. Si Hardin hubiese venido, habría perdido la
cabeza al ver aparecer a Zed en la cocina.
—¡Pues claro que lo es! Mira, siento mucho que esté aquí. Le diré que se
mantenga apartado de ti —me asegura, y echa a caminar hacia Zed, pero la
cojo del brazo.
—No, déjalo. No quiero ser borde. Está bien.
Zed está hablando con una chica rubia que lo sigue hasta la parte más alejada
de la cocina. Le sonríe y ella se ríe, pero cuando alza la vista y nota mi
presencia, su sonrisa se desvanece. Sus ojos van de Steph a Tristan, pero ambos
evitan su mirada y abandonan la sala con Molly y Dan detrás. De nuevo, vuelvo
a sentirme sola.
Observo mientras Zed se inclina y susurra algo en el oído de la chica rubia,
tras lo cual ella sonríe y se aleja de él.
—Eh. —Zed sonríe con cierta torpeza y se balancea sobre los pies cuando
llega a mi lado.
—Eh —contesto, y le doy otro sorbo a mi copa.
—No sabía que estarías aquí —decimos al mismo tiempo, y entonces nos
echamos a reír incómodos.
Él sonríe y dice:
—Tú primero.
Me siento aliviada de que no parezca guardarme rencor.
—Decía que no tenía ni idea de que fueras a venir.
—Y yo no tenía ni idea de que fueras a venir tú.
—Eso pensaba. Steph no deja de decir que esto es una especie de fiesta de
despedida para mí, pero ahora estoy más que segura de que lo dice para quedar
bien.
Doy otro sorbo. El vodka sour de cereza es mucho más fuerte que las otras
dos copas que y a he tomado.
—Tú… ¿has venido con Steph? —pregunta acercándose.
—Sí. Hardin no está aquí, si es eso lo que te estás preguntando.
—No, yo… —Sus ojos descienden hasta mi mano cuando dejo el vaso en la
encimera—. ¿Qué estás tomando?
—Vodka sour de cereza, ¿no es irónico? —contesto, pero él no se ríe. Eso me
sorprende, puesto que es su bebida favorita.
Su rostro se retuerce en un gesto de confusión mientras mira alternativamente
mi cara y el vaso.
—¿Steph te ha dado eso? —Su tono es serio…, demasiado serio…, y mi
mente va lenta, demasiado lenta.
—Sí…, ¿por?
—Joder.
Coge el vaso de la encimera.
—Quédate aquí —me ordena, y yo asiento lentamente.
Cada vez noto la cabeza más espesa. Intento concentrarme en Zed mientras
desaparece de la cocina, pero me distraigo por la forma en que las luces giran y
giran sobre mi cabeza. Las luces son tan bonitas, tan hipnóticas por la manera en
que bailotean sobre las cabezas de la gente…
¿Las luces bailotean? Lo hacen…, y yo debo bailar.
« No, debo sentarme.»
Me apoyo en la encimera y me concentro en la pared combada, en la forma
en que se tuerce y se retuerce, doblándose bajo las luces que brillan sobre las
cabezas de la gente… ¿o brillan sobre la gente que baila? Sea como sea, es
bonito… y también desorienta…, y la verdad es que no estoy segura de lo que
está pasando.
Hardin
Cuando llamo a la puerta del despacho de mi padre, siento náuseas. No me puedo
creer que haya llegado a esto, a acudir a él en busca de consejo. Sólo necesito a
alguien que me escuche, alguien que sepa cómo me siento, o que al menos pueda
imaginarlo.
Su voz me llega desde el interior de la estancia:
—Entra, cariño.
Dudo antes de hacerlo, sabiendo que esto es incómodo, aunque necesario. Me
siento en la silla frente a su gran escritorio y veo cómo pasa de mostrarse
expectante a estar sorprendido.
Una leve risa escapa de su boca.
—Lo siento, creí que eras Karen —dice, pero viendo mi humor se interrumpe
y me observa con detenimiento.
Asiento y miro hacia otro lado.
—No sé por qué he venido, pero es que no sabía adónde ir.
Escondo el rostro entre las manos y mi padre se sienta al borde de su
escritorio de caoba.
—Me alegro de que hayas recurrido a mí —me dice en voz baja, calibrando
mi reacción.
—Yo no diría exactamente que haya recurrido a ti —replico.
Sí que lo he hecho, pero no quiero que crea que esto es un gran paso en
nuestra relación o alguna mierda por el estilo, aunque puede que sí lo sea. Lo
observo tragar saliva y asentir lentamente; sus ojos se fijan en cualquier punto de
la sala excepto en mí.
—No hace falta que te pongas nervioso, no me va a dar un chungo ni voy a
romper nada —le digo mirando la hilera de placas decorativas a su espalda—.
No tengo energía para eso.
Cuando no responde, dejo escapar un suspiro.
Por supuesto, eso sí que lo hace reaccionar, esa señal de mi derrota, así que
dice:
—¿Quieres contarme qué ha ocurrido?
—No, no quiero —contesto mirando los libros alineados en su pared.
—De acuerdo…
Suspiro, sintiendo la inevitabilidad del momento.
—No quiero, pero supongo que tendré que hacerlo.
Mi padre me mira, perplejo durante un segundo, y sus ojos castaños se
agrandan al estudiarme detenidamente, sin duda esperando una trampa.
—Créeme —le aseguro—, si tuviera alguien más a quien acudir no estaría
aquí, pero Landon es un jodido chaquetero y siempre se pone de su parte.
Sé que eso no es ni medio verdad, pero en estos momentos no quiero los
consejos de Landon. Es más, no quiero admitir ante él lo capullo que he sido y la
mierda que le he soltado a Tessa durante los últimos días. No es que su opinión
me importe mucho, pero por alguna razón me importa más que la de ningún otro,
excepto la de Tessa, claro.
Mi padre me dedica una dolorosa sonrisa.
—Lo sé, hijo.
—Bien.
No sé por dónde empezar y, honestamente, aún no estoy seguro de por qué he
venido aquí. Tenía la intención de ir a un bar y tomarme algo, pero de algún
modo he acabado aparcando frente a la casa de mi padre…, no, de papá. La
manía de Tessa de llamarlos sólo madre y padre en vez de mamá o papá solía
volverme loco, pero ahora se me escapa a mí también. Aunque tiene suerte de
que me refiera a él como padre o papá en vez de Ken o cabrón, como he estado
llamándolo la mayor parte de mi vida.
—Bueno, como probablemente habrás deducido, al final Tessa me ha dejado
—admito alzando los ojos hacia él. Mi padre se esfuerza por mantener una
expresión neutra mientras espera a que y o continúe, pero todo cuanto añado es
—: Y no la he detenido.
—¿Estás seguro de que no volverá? —pregunta.
—Sí, estoy seguro. Me dio multitud de oportunidades para que la detuviera, y
no ha intentado llamarme ni enviarme un mensaje en… —miro el reloj de la
pared— casi veintiocho horas; además, no tengo ni la menor idea de dónde está.
Había esperado encontrar su coche en la entrada cuando llegué a casa de
Ken y Karen. Estoy seguro de que ésa es una de las razones por las que he
venido aquí. ¿Adónde más podría haber ido? Espero que no haya conducido todo
el camino hasta casa de su madre.
—Pero ya habéis pasado por esto antes —empieza a decir mi padre—. Y
siempre encontráis la manera de…
—¿Me estás escuchando? Te he dicho que no va a volver —resoplo
interrumpiéndolo.
—Te estoy escuchando, sí. Sólo siento curiosidad por saber por qué esta vez es
diferente.
Cuando lo miro fijamente, él me devuelve la mirada impasible, y resisto la
necesidad de levantarme y abandonar su recargado despacho.
—Es así y punto. No sé cómo estoy tan seguro de ello, y probablemente
pensarás que soy un idiota por haber venido aquí, pero estoy cansado, papá,
estoy terriblemente cansado de ser así, y no sé qué hacer al respecto.
« Joder. Parezco desesperado y terriblemente patético.»
Él abre la boca para hablar, pero se detiene y no dice nada.
—La culpa es tuy a —continúo—. De verdad que es tuya. Porque si hubieses
estado ahí para mí, quizá podrías haberme enseñado a…, no sé…, a no tratar a la
gente como una mierda. Si hubiese tenido una figura masculina en casa mientras
crecía, quizá ahora no sería un mierda. Si no encuentro alguna solución para
Tessa y para mí, acabaré siendo como tú. Bueno, como tú antes de convertirte en
esto. —Señalo su chaleco de punto y sus pantalones de vestir perfectamente
planchados—. Si no puedo encontrar una forma de dejar de odiarte, nunca seré
capaz de…
No quiero acabar la frase delante de él. Lo que quiero decir es que, si no
puedo dejar de odiarlo, nunca seré capaz de mostrarle a ella lo mucho que la
quiero y tratarla como debo, como ella se merece.
Mis palabras no mencionadas flotan en el sofocante estudio de paneles de
madera como un espíritu torturado que ninguno de nosotros sabe cómo exorcizar.
—Tienes razón —me sorprende al final.
—¿La tengo?
—Sí, la tienes. Si hubieses tenido un padre para guiarte y enseñarte a ser un
hombre, estarías más preparado para hacer frente a estas situaciones, y para la
vida en general. Yo me culpo a mí mismo por tu… —lo veo buscar las palabras
apropiadas y me descubro a mí mismo inclinándome un poco hacia él—
comportamiento. Tu forma de ser es culpa mía. Todo es parte de mí y de los
errores que he cometido. Cargaré con la culpa por mis pecados durante el resto
de mi vida, y por todo ello lo siento mucho, hijo, muchísimo.
La voz se le quiebra al final y de pronto siento… siento…
Que estoy a punto de vomitar.
—Bueno, esto es genial, tú puedes ser perdonado, ¡pero el resultado de tus
acciones es cómo soy y o ahora! ¿Qué se supone que voy a hacer al respecto?
Comienzo a tirarme de las pieles de alrededor de las uñas y me doy cuenta
de que, sorprendentemente, tengo los nudillos sin marcas para variar. De algún
modo, eso aplaca parte de mi rabia.
—Tiene que haber algo que pueda hacer —digo en voz baja.
—Creo que deberías hablar con alguien —sugiere mi padre.
Pero su respuesta me resulta insuficiente, y la rabia vuelve a aflorar.
« ¿En serio que tengo que hablar con alguien?, ¿quién coño lo iba a decir?»
Sacudo la mano en el aire, entre los dos.
—Y ¿qué estamos haciendo ahora? Estamos hablando.
—Me refiero a un profesional —replica con calma—. Tienes mucha rabia
acumulada desde la infancia, y a no ser que encuentres la forma de liberarla, o
al menos de gestionarla de una forma sana, me temo que no conseguirás ningún
progreso. Yo no puedo darte las herramientas para ello; yo soy el responsable de
tu dolor, y dudarías de todo lo que te dijera en tus momentos de mayor irritación,
incluso si lo dijera por tu bien.
—Entonces ¿venir aquí ha sido una pérdida de tiempo? ¿No hay nada que
puedas hacer?
Sabía que debería haberme ido de bares. Ahora ya podría ir por mi segundo
whisky con cola.
—No ha sido una pérdida de tiempo. Ha sido un gran paso en tu esfuerzo por
convertirte en mejor persona. —Me sostiene la mirada de nuevo y literalmente
puedo paladear el whisky que debería estar bebiendo ahora mismo en lugar de
estar teniendo esta conversación—. Ella estaría muy orgullosa de ti —añade.
¿Orgullosa? ¿Por qué diablos iba a estar nadie orgulloso de mí? Asombrada de
verme aquí, quizá, pero orgullosa…, no.
—Me llamó borracho —confieso sin pensar.
—Y ¿tiene razón? —pregunta, con evidente preocupación en la cara.
—No lo sé. No creo que lo sea, pero no lo sé.
—Si no sabes si eres un alcohólico, tal vez deberías descubrirlo antes de que
sea demasiado tarde.
Estudio la cara de mi padre y puedo ver auténtico miedo por mí tras sus ojos.
Siente el miedo que tal vez yo debería tener.
—¿Por qué empezaste tú a beber? —pregunto. Siempre he querido saber la
respuesta a esa pregunta, pero nunca me había sentido con derecho a preguntar.
Él suspira, y sus manos se elevan para alisar su corto cabello.
—Bueno, tu madre y yo no estábamos en nuestro mejor momento, y la
espiral descendente empezó cuando me fui una noche y me emborraché. Por
« emborracharme» quiero decir que no podía ni caminar hasta casa, pero
descubrí que me gustaba cómo me sentía, inmóvil o no. Me dejaba insensible a
todo el dolor que sentía, y después de aquel día se convirtió en un hábito. Pasaba
más tiempo en el maldito bar al otro lado de la calle del que pasaba contigo y con
ella. Llegué a un punto en el que no podía funcionar sin licor, aunque realmente
tampoco estaba funcionando con él. Era una batalla perdida.
No recuerdo nada de antes de que mi padre se convirtiera en un borracho;
siempre había creído que y a era así desde antes de que yo naciera.
—¿Qué era tan doloroso para que intentaras escapar de ello?
—Eso no importa. Lo que importa es que un día por fin desperté y me
rehabilité.
—Después de dejarnos —le recordé.
—Sí, hijo, después de que os dejara a los dos. Estabais mejor sin mí. No podía
ser un buen padre ni un buen marido. Tu madre hizo un trabajo excelente
criándote, desearía que no hubiera tenido que hacerlo sola, pero al final resultó
mejor así que conmigo cerca.
La rabia arde en mi interior y clavo los dedos en los brazos de la
butaca.
—Pero sí que puedes ser un marido para Karen y un padre para Landon.
Ya está, ya lo he dicho. Siento tanto jodido resentimiento hacia este hombre
que fue un cabrón borracho durante toda mi vida, que jodió mi existencia pero
que consiguió volver a casarse y adoptar un nuevo hijo y una nueva vida… Por
no mencionar que ahora es rico y que nosotros no teníamos una mierda mientras
crecía. Karen y Landon tienen todo lo que mi madre y yo deberíamos haber
tenido.
—Sé que eso es lo que parece, Hardin, pero no es verdad. Conocí a Karen dos
años después de dejar de beber. Landon y a tenía dieciséis, y yo no intentaba ser
una figura paterna para él. Él tampoco creció con un padre en casa, así que me
aceptó enseguida. No era mi intención tener una nueva familia y
reemplazarte…, nunca podría reemplazarte. Nunca quisiste saber nada de mí, y
no te culpo por ello…, pero, hijo, había pasado la mitad de mi vida en la
oscuridad…, en una cegadora y desoladora oscuridad. Y Karen fue mi luz, como
Tessa lo es para ti.
Casi se me para el corazón ante la mención de Tessa. Estaba tan perdido
reviviendo mi infancia de mierda que por un momento he dejado de pensar en
ella.
—No pude hace otra cosa que sentirme feliz y agradecido cuando Karen
llegó a mi vida, Landon incluido —continúa Ken—. Daría lo que fuera por tener
contigo la misma relación que tengo con él; quizá algún día pueda ser así.
Puedo ver que mi padre está sin aliento después de una confesión como ésa,
y y o me siento sin palabras. Nunca antes había tenido una conversación de este
tipo con él, o con nadie excepto con Tessa. Ella siempre parece ser la excepción.
No sé qué decirle. No puedo perdonarlo por joder mi vida y escoger la
bebida por encima de mi madre, pero decía en serio lo de intentar perdonarlo. Si
no lo hago, nunca podré ser normal. En serio, ni siquiera estoy seguro de si
alguna vez podré ser « normal» , pero me gustaría ser capaz de pasar una
semana entera sin romper algo o a alguien.
La humillación en la cara de Tessa cuando le dije que abandonara el
apartamento está grabada en mi mente. Pero en vez de tratar de borrarla como
siempre hago, la acepto. Necesito recordar lo que le hice, se acabó ocultarme de
las consecuencias de mis acciones.
—No has dicho nada —me dice mi padre interrumpiendo mis pensamientos.
La imagen del rostro de Tessa comienza a desaparecer y, aunque intento
aferrarme a ella, se esfuma. El único consuelo que me queda es saber que
volverá a perseguirme pronto.
—No sé qué demonios decir. Esto ha sido demasiado para mí; no sé qué
pensar —admito.
La honestidad de mis palabras me aterroriza, y aguardo a que él aproveche
para hacerlo todo más incómodo.
Pero no lo hace. Simplemente asiente y se pone en pie.
—Karen está preparando la cena, por si quieres quedarte.
—No, paso —gruño.
Quiero ir a casa. El único problema de mi casa es que Tessa no está allí. Y
todo es por mi maldita culpa.
Me crucé con Landon en la entrada cuando salía, pero lo ignoré y me largué
antes de que intentara darme algún consejo no solicitado. Debería haberle
preguntado dónde estaba Tessa; estoy desesperado por saberlo, pero también me
conozco y sé que me presentaría allá donde estuviera e intentaría convencerla de
que volviera conmigo. Necesito estar con ella sea donde sea. Escuchar cómo mi
padre me contaba por qué fue un padre de mierda ha sido un paso en la dirección
correcta, pero no voy a dejar de ser un bastardo controlador de golpe y porrazo.
¿Y si Tessa está en algún lugar donde no quiero que esté…?, como con Zed, por
ejemplo…
« ¿Está con Zed? Me cago en todo, ¿podría estar con él?»
No lo creo, pero tampoco es que yo le haya dado facilidades para tener
muchos amigos. Y si no está con Landon…
No, no está con Zed. No puede estarlo.
Sigo convenciéndome a mí mismo de ello mientras subo a nuestro
apartamento en el ascensor. Parte de mí desea que quien fuera el cabrón que
entró en casa hay a vuelto; me iría de muerte un escape para mi creciente rabia.
Un escalofrío me recorre la espalda y todo el cuerpo. ¿Y si Tessa hubiese
estado sola en casa cuando se coló el intruso? La imagen de su rostro enrojecido
y empapado en lágrimas de mis pesadillas aparece ante mí y me pongo rígido. Si
alguien intenta herirla alguna vez, será lo último que haga en su puta vida.
¡Soy un maldito hipócrita! Aquí estoy, amenazando con matar a alguien por
herirla cuando parece que eso es lo único que soy capaz de hacer.
Después de pillar una botella de agua y de recorrer el apartamento vacío
durante unos minutos, empiezo a sentir ansiedad. Para mantenerme ocupado le
echo un vistazo a la colección de libros de Tessa. Se ha dejado un montón, y sé
que eso la estará matando. Una prueba más de lo tóxico que soy.
Una libreta de tapas de cuero escondida entre dos ediciones distintas de Emma
llama mi atención, y paso los dedos por el cierre. Lo abro y de un rápido vistazo
descubro que la letra de Tessa llena cada página. ¿Es algún tipo de diario que no
sabía que tenía?
Escrito pulcramente en la primera página aparece el título: « Introducción a
la asignatura de religión internacional» . Me siento en la cama con el libro en las
manos y comienzo a leer.
CAPÍTULO 56
Tessa
Logan me llama desde el otro lado de la cocina, pero cuando le queda claro que
no puedo oírle, se me acerca.
—Es genial que hay as venido. ¡No sabía si lo harías! —dice con una gran
sonrisa.
—No podía perderme mi propia fiesta de despedida —contesto alzando el
vaso rojo que tengo entre las manos a modo de brindis.
—Te he echado de menos por aquí; hace tiempo que nadie estrangula a
Molly.
Se ríe y echa la cabeza hacia atrás para verter un licor claro directamente de
la botella a su boca. Se lo traga, parpadea y se aclara la garganta, sacudiendo la
cabeza de una forma que me hace estremecer al pensar en lo mucho que debe
de arderle.
—Siempre serás mi heroína por eso —bromea, y me ofrece la botella.
Niego con la cabeza y le muestro mi vaso medio vacío.
—Estoy segura de que no pasará mucho antes de que alguien más venga y
vuelva a hacerlo —replico, y me tomo un momento para sonreír al imaginarlo.
—¡Oh, oh…! Hablando del rey de Roma… —dice Logan con la vista clavada
en un punto a mi espalda.
No quiero volverme.
—¡¿Por qué?! —gimo en voz baja apoyando un codo en la encimera.
Cuando Logan, juguetón, vuelve a ofrecerme la botella, la acepto.
—Bebe. —Sonríe y se aleja, dejándome con la botella.
Molly aparece entonces en mi línea de visión y alza su vaso rojo a modo de
saludo.
—Por mucho que me entristezca tu marcha —dice, con la voz
engañosamente suave y dulce—, me alegro de no tener que volver a verte.
Aunque echaré de menos a Hardin…, las cosas que ese chico puede hacer con la
lengua…
Pongo los ojos en blanco mientras trato de pensar en una réplica, pero no lo
consigo. Los celos me corren por las venas como el hielo y considero la idea de
volver a estrangularla aquí mismo, ahora mismo.
—Oh, lárgate —digo por fin, y ella se echa a reír. Es un ruido insoportable, en
serio.
—Oh, vamos, Tessa. Fui tu primera enemiga en la facultad, eso debería
contar para algo, ¿no? —Me guiña un ojo y hace chocar su cadera contra la mía
al pasar por mi lado.
Esta fiesta ha sido una idea horrible; debería haberlo pensado mejor antes de
venir a este sitio, especialmente sin Hardin. Steph ha desaparecido, y aunque
Logan ha sido lo suficientemente majo como para hacerme compañía durante
un minuto, y a ha encontrado a una chica más disponible que lo mantenga
ocupado. Cuando veo a la chica por primera vez, está de perfil y parece pija y
muy normal, pero cuando se vuelve y la veo de frente me quedo de piedra al
comprobar que tiene la otra mitad de la cara llena de tatuajes. « Ayy y.»
Empiezo a preguntarme si serán permanentes mientras me sirvo otro trago.
Planeo acunar este vaso toda la noche y darle sorbitos muy lentamente. De otro
modo, la fachada que he estado esforzándome por mantener se hará añicos y se
derrumbará y acabaré siendo la pesada borracha que llora cada vez que alguien
la mira.
Me obligo a dar una vuelta lenta alrededor de la casa en busca del cabello
rojo de Steph, pero no aparece por ningún lado. Cuando por fin localizo la cara
familiar de Nate, veo que él también se está trabajando a una chica y no quiero
interrumpirlo. Me siento tan fuera de lugar… No sólo porque no acabo de
encajar con esta gente, sino porque tengo la sensación de que, aunque esta fiesta
haya sido bautizada como nuestra « fiesta de despedida» , no creo que a nadie de
los de aquí le importe si Hardin y yo desaparecemos. Quizá habrían mostrado
más interés si él hubiera venido conmigo; después de todo, Hardin es su amigo.
Tras permanecer sentada junto a la encimera de la cocina durante casi una
hora, por fin oigo la voz de Steph, que exclama:
—¡Estabas aquí!
A estas alturas y a me he comido todo un cuenco de pretzels y llevo dos copas.
Me he estado debatiendo entre llamar o no a un taxi, pero ahora que Steph
finalmente ha vuelto a aparecer, intentaré aguantar un poco más. Tristan, Molly
y Dan están con ella, y me esfuerzo en mantener una expresión neutra.
Echo de menos a Hardin.
—¡Pensé que te habías ido o algo! —grito por encima de la música,
intentando apartar de mi cabeza lo mal que me siento por estar aquí sin él.
Durante la última hora he estado luchando por mantenerme alejada de su
dormitorio del primer piso; tengo tantas ganas de ir allí, de esconderme de la
incómoda multitud, de recordar…, no sé. Mi mirada sigue gravitando hacia la
escalera, y eso me está matando poco a poco.
—¡De eso, nada! Te he traído una copa. —Steph sonríe y coge el vaso que
tengo en la mano. Lo reemplaza por otro idéntico lleno de un líquido rosa—.
Vodka sour de cereza, ¡tachán! —chilla ante mi confusión.
Acto seguido, fuerza una risa incómoda mientras me llevo la copa a los
labios.
—¡Por tu última fiesta con nosotros! —brinda, y multitud de extraños alzan
sus copas al aire.
Molly mira hacia otro lado mientras yo echo la cabeza hacia atrás y permito
que el dulce sabor de la cereza inunde mi boca.
—Justo a tiempo —le dice Molly a Steph, y me doy la vuelta rápidamente.
No sé si quiero que la persona que acaba de llegar sea Hardin o no, pero mi
dilema queda resuelto cuando Zed entra en la cocina vestido todo de negro.
Me quedo con la boca un poco abierta y me vuelvo hacia Steph.
—Me dijiste que no estaría aquí.
Lo último que necesito en este momento es otro recordatorio del lío en el que
he convertido mi vida. Ya me despedí de Zed y no estoy preparada para reabrir
las heridas causadas por ser su amiga.
—Lo siento —dice ella encogiéndose de hombros—. Se acaba de presentar.
No lo sabía. —Se inclina hacia Tristan.
Le dedico una mirada alentada por el alcohol.
—¿Estás segura de que esta fiesta es para mí?
Sé que sueno desagradecida, pero el hecho de que Steph haya invitado a Zed
y a Molly realmente me molesta. Si Hardin hubiese venido, habría perdido la
cabeza al ver aparecer a Zed en la cocina.
—¡Pues claro que lo es! Mira, siento mucho que esté aquí. Le diré que se
mantenga apartado de ti —me asegura, y echa a caminar hacia Zed, pero la
cojo del brazo.
—No, déjalo. No quiero ser borde. Está bien.
Zed está hablando con una chica rubia que lo sigue hasta la parte más alejada
de la cocina. Le sonríe y ella se ríe, pero cuando alza la vista y nota mi
presencia, su sonrisa se desvanece. Sus ojos van de Steph a Tristan, pero ambos
evitan su mirada y abandonan la sala con Molly y Dan detrás. De nuevo, vuelvo
a sentirme sola.
Observo mientras Zed se inclina y susurra algo en el oído de la chica rubia,
tras lo cual ella sonríe y se aleja de él.
—Eh. —Zed sonríe con cierta torpeza y se balancea sobre los pies cuando
llega a mi lado.
—Eh —contesto, y le doy otro sorbo a mi copa.
—No sabía que estarías aquí —decimos al mismo tiempo, y entonces nos
echamos a reír incómodos.
Él sonríe y dice:
—Tú primero.
Me siento aliviada de que no parezca guardarme rencor.
—Decía que no tenía ni idea de que fueras a venir.
—Y yo no tenía ni idea de que fueras a venir tú.
—Eso pensaba. Steph no deja de decir que esto es una especie de fiesta de
despedida para mí, pero ahora estoy más que segura de que lo dice para quedar
bien.
Doy otro sorbo. El vodka sour de cereza es mucho más fuerte que las otras
dos copas que y a he tomado.
—Tú… ¿has venido con Steph? —pregunta acercándose.
—Sí. Hardin no está aquí, si es eso lo que te estás preguntando.
—No, yo… —Sus ojos descienden hasta mi mano cuando dejo el vaso en la
encimera—. ¿Qué estás tomando?
—Vodka sour de cereza, ¿no es irónico? —contesto, pero él no se ríe. Eso me
sorprende, puesto que es su bebida favorita.
Su rostro se retuerce en un gesto de confusión mientras mira alternativamente
mi cara y el vaso.
—¿Steph te ha dado eso? —Su tono es serio…, demasiado serio…, y mi
mente va lenta, demasiado lenta.
—Sí…, ¿por?
—Joder.
Coge el vaso de la encimera.
—Quédate aquí —me ordena, y yo asiento lentamente.
Cada vez noto la cabeza más espesa. Intento concentrarme en Zed mientras
desaparece de la cocina, pero me distraigo por la forma en que las luces giran y
giran sobre mi cabeza. Las luces son tan bonitas, tan hipnóticas por la manera en
que bailotean sobre las cabezas de la gente…
¿Las luces bailotean? Lo hacen…, y yo debo bailar.
« No, debo sentarme.»
Me apoyo en la encimera y me concentro en la pared combada, en la forma
en que se tuerce y se retuerce, doblándose bajo las luces que brillan sobre las
cabezas de la gente… ¿o brillan sobre la gente que baila? Sea como sea, es
bonito… y también desorienta…, y la verdad es que no estoy segura de lo que
está pasando.
Comentarios
Publicar un comentario