57 / 58

CAPÍTULO 57
Hardin
Al ojear las páginas de la pequeña libreta, me cuesta decidir por dónde empezar
a leer. Es un diario de la clase de religión de Tessa; tardo un minuto en
comprender qué es porque, a pesar del título de la portada, cada entrada está
encabezada con una palabra y una fecha, la may oría de las cuales no tienen
nada que ver con religión. También está menos estructurado que los ensayos que
le he visto escribir a Tessa, un poco más tipo monólogo interior.
« Dolor.» La palabra llama mi atención y comienzo a leer.
¿El dolor aleja a la gente de su dios? Si es así, ¿cómo?
El dolor puede alejar a cualquiera de casi todo. El dolor es capaz de
obligarte a hacer cosas que nunca pensarías hacer, como culpar a Dios de tu
infelicidad.
Dolor…, una simple palabra pero tan llena de significado. He llegado a
comprender que el dolor es la emoción más fuerte que alguien puede llegar
a sentir. Al contrario que cualquier otra emoción, es la única que todo ser
humano tiene garantizado sentir en algún momento de su vida, y no hay
ventaja en el dolor, no hay aspectos positivos que puedan hacerte verlo desde
una perspectiva diferente…, sólo existe la abrumadora sensación del propio
dolor. Recientemente he conocido el dolor de primera mano…, hasta
convertirse en algo casi insoportable. A veces, cuando estoy sola, cosa que
ocurre más de lo que desearía últimamente, me veo a mí misma tratando de
decidir qué tipo de dolor es peor. La respuesta no es tan simple como pensé
que sería. El dolor lento y constante, del tipo que sobreviene cuando has sido
herido repetidamente por la misma persona, y aun así aquí estás, aquí estoy,
permitiendo que el dolor continúe…, y nunca acaba.
Sólo en esos raros momentos cuando me estrecha contra su pecho y hace
promesas que nunca parece ser capaz de mantener, el dolor desaparece.
Justo cuando me acostumbro a la libertad, a vivir libre del dolor autoinfligido,
retorna con otra oleada.
Esto no tiene nada que ver con la religión. Esto va sobre mí.
He decidido que el dolor ardiente, abrasivo e inevitable es el peor. Ese
dolor llega cuando por fin comienzas a relajarte, cuando por fin respiras,
pensando que algunos problemas son cosa del ayer, cuando en realidad son
parte de hoy, de mañana y de todos los días después de mañana. Ese dolor
llega cuando has puesto todas tus esperanzas en algo, en alguien, y éste te
traiciona tan completa e inesperadamente que el dolor te machaca y te
sientes como si casi no pudieras respirar, apenas aferrada a esa pequeña
fracción de lo que sea que quede en tu interior y que te suplica que sigas
adelante, que no te rindas.
Joder.
A veces la gente se aferra a la fe. A veces, si eres lo suficientemente
afortunado, puedes apoyarte en alguien y confiar en que te apartará del
dolor antes de que te instales en él demasiado tiempo. El dolor es uno de esos
lugares horribles que, una vez los visitas, debes luchar para abandonarlos, e
incluso cuando crees que has escapado, descubres que te han marcado de
forma permanente. Si eres como yo, no tienes a nadie en quien apoyarte,
nadie que te coja de la mano y te asegure que conseguirás salir de ese
infierno. Por el contrario, tienes que atar tus propias botas, coger tu propia
mano y sacarte de ahí tú misma.
Mis ojos buscan la fecha al inicio de la página. Escribió esto mientras y o
estaba en Inglaterra. No debería seguir ley endo. Debería dejar el maldito diario
y no volver a abrirlo jamás, pero no puedo. Tengo que saber qué más fue escrito
en este libro de secretos. Me temo que esto es lo más cerca que volveré a estar
de ella.
Me detengo en otra página titulada « Fe» .
¿Qué significa la fe para ti? ¿Tienes fe en algo superior? ¿Crees que la fe
puede aportar algo bueno a la vida de la gente?
Esto debería ir mejor. Esta entrada no debería retorcer el cuchillo y
empeorar el dolor de mi pecho. Esto no debería tener nada que ver conmigo.
Para mí, la fe significa creer en algo más aparte de en ti mismo. No creo
que hay a dos personas que puedan tener la misma opinión sobre la fe, ya
esté ésta basada en la religión o no. Yo creo en algo superior, me criaron así.
Mi madre y y o íbamos a la iglesia cada domingo, y muchos miércoles
también. Ahora no voy a la iglesia, cosa que probablemente debería hacer,
pero aún estoy decidiendo cómo me siento con mi fe religiosa ahora que soy
adulta y y a no estoy obligada a hacer lo que mi madre espera que haga.
Cuando pienso en fe, mi mente no se dirige automáticamente a la
religión. Probablemente debería, pero no es así. Piensa en él; todo gira en
torno a él. Está en todos mis pensamientos. No estoy totalmente segura de si
esto es bueno o no, pero así están las cosas y tengo fe en que, al final, lo
nuestro funcionará. Sí, es difícil y sobreprotector, a veces incluso
controlador… Vale, a menudo es controlador, pero tengo fe en él, en que
piensa en mi bien por muy frustrantes que sean sus acciones. Mi relación con
él me pone a prueba de formas que nunca creí imaginables, pero cada
segundo vale la pena. Creo de verdad que un día su profundo temor a
perderme desaparecerá y podremos emprender un futuro juntos; eso es todo
cuanto quiero. Sé que él también lo desea, aunque nunca lo diría. Tengo tanta
fe en ese hombre que aceptaré cada lágrima, cada discusión sin sentido…, lo
aceptaré todo para poder estar cerca el día en que sea capaz de tener fe en sí
mismo.
Mientras tanto, tengo fe en que un día Hardin dirá lo que siente abierta y
honestamente, poniendo fin a su exilio autoimpuesto. Ese día finalmente verá
que no es un villano. Se esfuerza mucho en serlo, pero en el fondo realmente
es un héroe. Me salvó de mí misma. He pasado mi vida entera fingiendo ser
alguien que no era, y Hardin me ha mostrado que está bien ser yo misma.
Ya no me ajusto a la idea que tenía mi madre de lo que debo llegar a ser, y
le doy gracias desde lo más profundo de mi corazón por ayudarme a llegar a
este punto. Creo que un día verá lo realmente increíble que es. Es tan
increíble y perfectamente imperfecto que lo quiero aún más por eso.
Puede que no muestre el heroísmo en su interior de forma convencional,
pero lo intenta, y eso es todo cuanto puedo pedirle. Tengo fe en que, si
continúa intentándolo, finalmente se permitirá a sí mismo ser feliz. Yo
seguiré teniendo fe en él hasta que él la tenga en sí mismo.
Cierro la libreta y me pellizco el puente de la nariz en un intento por controlar
mis emociones. Tessa cree en mí por alguna maldita razón. Para empezar nunca
entenderé por qué perdió su tiempo conmigo, pero leer sus pensamientos de esta
forma tan cruda retuerce el cuchillo en mi pecho, y lo saca para luego volver a
empalarme con su hoja una vez más.
Comprender que Tessa es como y o me asusta y me emociona al mismo
tiempo. Saber que todo en su mundo gira… alrededor de mí me hace feliz,
incluso me marea un poco, pero cuando recuerdo que lo he echado a perder, la
felicidad desaparece tan rápido como ha llegado. Le debo a ella, y a mí mismo,
el ser mejor. Le debo a ella intentar acabar con mi rabia.
Es raro, pero siento como si me hubiesen quitado un gran peso de encima
desde la conversación con mi padre. No iría tan lejos como para decir que todos
esos feos y dolorosos recuerdos quedan perdonados, o que de pronto seremos
colegas, quedaremos para ver deportes juntos en la tele y toda esa mierda, pero
lo odio menos de lo que lo odiaba antes. Soy más como mi padre de lo que
querría admitir. He intentado dejar a Tessa por su propio bien, pero aún tengo que
ser lo suficientemente fuerte como para hacerlo. Así que, de alguna forma, él es
más fuerte que y o. Él se largó de verdad y no volvió. Si tuviera un hijo con Tessa
y supiera que iba a joderles la vida, y o también me largaría.
« A la mierda con eso.»
La idea de tener un hijo me da náuseas. Sería el peor padre posible, y Tessa
realmente estaría mejor sin mí. Ni siquiera soy capaz de demostrarle a ella mi
amor, así que, ¿cómo iba a demostrárselo a un niño?
—Ya basta —me digo en voz alta, y suspiro poniéndome en pie.
Camino hasta la cocina y abro un armario. La botella medio vacía de vodka
me llama desde el estante, suplicándome que la abra.
Soy un auténtico borracho. Planeo sobre la encimera de la cocina con una
botella de vodka en las manos. Desenrosco el tapón y me la llevo directamente a
los labios. Sólo un trago conseguirá ahuyentar la culpabilidad. Con un trago puedo
obligarme a creer que Tessa volverá pronto a casa. Ya antes ha adormecido el
dolor, y lo haré de nuevo. Un trago.
Justo cuando cierro los párpados y echo la cabeza hacia atrás, puedo ver el
rostro bañado en lágrimas de Tessa ante mí. Abro los ojos, me vuelvo hacia el
fregadero y echo el vodka por el desagüe.
CAPÍTULO 58
Tessa
Las bocas están abiertas. Los labios se mueven sin emitir sonido alguno. Y la
música rebota contra las paredes, taladrando mi mente.
« ¿Cuánto tiempo llevo aquí de pie? ¿Cuándo he entrado en la cocina?»
No lo recuerdo.
—Eh. —Dan se desliza ante mí y me estremezco un poco apoyada contra la
encimera. Su cara está algo descentrada; lo miro más fijamente intentando
enfocarlo.
—Eh… —Mi respuesta sale taaaan lentamente…
Él sonríe.
—¿Estás bien?
Asiento. O creo que lo hago.
—Me siento un poco rara —admito, y busco por la habitación a Zed. Espero
que vuelva pronto.
—¿Qué quieres decir?
—No sé…, me siento como… rara. Como borracha, pero más lenta, aunque
al mismo tiempo tengo mucha energía.
Sacudo la mano frente a mi cara…, tengo tres manos.
Dan se echa a reír.
—Debes de haber bebido un montón.
Asiento de nuevo. Miro al suelo. Veo a una chica cruzar frente a mí a la
velocidad de un caracol.
—¿Zed va a volver? —le pregunto.
Dan mira alrededor.
—¿Adónde ha ido?
—A buscar a Steph por mi bebida. —Me recuesto en la encimera.
Probablemente a estas alturas tengo la mitad del cuerpo encima. No podría
asegurarlo.
—¿Ah, sí? Hum…, puedo ayudarte a buscarlo —dice encogiéndose de
hombros—. Creo que lo he visto subir la escalera.
—Vale —digo.
Creo que no me gusta Dan, pero necesito encontrar a Zed porque siento la
cabeza cada vez más y más pesada.
Lo sigo lentamente mientras se abre paso entre la multitud y se encamina
hacia la escalera. La música está increíblemente alta ahora, y me doy cuenta de
que estoy moviendo la cabeza adelante y atrás, adelante y atrás mientras subo la
escalera.
—¿Está ahí arriba? —le pregunto a Dan.
—Sí. Creo que justo acaba de entrar ahí. —Señala con la cabeza hacia la
puerta al final del pasillo.
—Ésa es la habitación de Hardin —lo informo, y él se encoge de hombros
nuevamente—. ¿Puedo sentarme un minuto? Creo que y a no puedo seguir
andando.
Me pesan los pies, pero es como si mi mente se volviera cada vez más aguda,
y esto no tiene sentido para mí.
—Sí, claro, puedes sentarte aquí. —Dan me coge del brazo y me lleva a la
antigua habitación de Hardin.
Tropiezo hasta llegar al borde de la cama y los recuerdos parecen tomar
forma y girar en el aire a mi alrededor: Hardin y yo sentados en la cama, en el
mismo lugar en el que estoy ahora. Lo besé aquí por primera vez. Me sentía tan
abrumada y confusa por mi creciente necesidad de estar cerca de él…, mi chico
oscuro. Ésa fue la primera vez que pude entrever a ese Hardin más suave y
amable. No se quedó durante mucho tiempo, pero fue bonito conocerlo.
—¿Dónde está Hardin? —pregunto mirando a Dan.
Una expresión atraviesa su cara y desaparece al reír.
—Oh, Hardin no está aquí. Dijiste que estabas segura de que no vendría,
¿recuerdas?
Cierra la puerta a su espalda y echa la llave.
« ¿Qué está pasando?»
Mi mente bulle con las posibilidades, pero mi cuerpo se siente demasiado
pesado como para moverse. Quiero tumbarme, aunque una alarma aúlla en mi
cabeza empujándome a luchar.
« ¡No te tumbes! ¡Mantén los ojos abiertos!»
—A… abre la puerta —digo mientras intento levantarme, pero la habitación
comienza a dar vueltas.
Casi como si estuviera preparado, alguien llama entonces a la puerta. El alivio
me inunda cuando Dan gira la llave y abre para dejar entrar a Steph.
—¡Steph! —gimoteo—. Él… está haciendo algo…
No sé cómo explicarlo, pero sé que estaba a punto de hacer algo.
Ella mira a Dan, que le dedica una siniestra sonrisa. Vuelve a mirarme a mí y
simplemente pregunta:
—¿Haciendo qué?
—Steph… —la llamo de nuevo. Necesito su ayuda para abandonar esta
habitación poseída por fantasmas.
—¡Deja de lloriquear! —estalla de pronto, y pierdo el aliento.
—¿Qué? —consigo articular.
Pero Steph simplemente le sonríe a Dan mientras mete la mano en la bolsa
que ha traído. Cuando vuelvo a gemir, se detiene y me fulmina con la mirada.
—Joder, ¿es que no te callas nunca? ¡Estoy harta de oír cómo te quejas todo
el tiempo, zorra!
Mi cerebro no funciona bien. Steph no puede estar diciéndome todas esas
cosas.
Pone los ojos en blanco.
—Buf, y esos estúpidos pucheritos inocentes… Tía, dale un puto respiro y a.
Unos segundos más rebuscando en la bolsa y por fin dice:
—Lo he encontrado…, toma. —Le pasa un objeto pequeño a Dan.
Casi me desmay o, pero un leve pitido me devuelve la conciencia… al menos
durante unos pocos segundos más.
Veo una pequeña luz roja, como una pequeña, pequeñísima cereza.
Como el vodka sour de cereza. Steph, Dan, Molly, Zed. La fiesta. Oh, no.
—¿Qué has hecho? —le pregunto, y ella vuelve a reír.
—¿No te he dicho que dejes de gimotear? Estarás bien —gruñe, y se acerca a
la cama.
Hay una cámara en las manos de Dan. La luz roja indica que está encendida.
—A… apártate de mí —intento chillar, pero me sale como un
susurro.
Trato de ponerme en pie, pero vuelvo a caer sobre la cama. Es muy
blanda…, como arenas movedizas.
—Creía que tú… —comienzo a decir.
Pero Steph me pone las manos en los hombros y me empuja contra el
colchón. No puedo volver a levantarme.
—¿Qué creías? ¿Que era tu amiga? —replica arrodillándose en la cama y
cerniéndose sobre mí. Sus dedos agarran entonces el bajo de mi vestido y
comienza a levantármelo hasta los muslos—. Estabas demasiado ocupada siendo
una zorra y yendo de Zed a Hardin para comprender que en realidad siempre te
he despreciado. ¿No crees que si me importaras una mierda te habría dicho que
Hardin salía contigo sólo para ganar una apuesta? ¿No crees que una amiga te
habría avisado?
Tiene razón, y una vez más mi idiotez resulta totalmente obvia. Mi cerebro
embotado multiplica la punzada de la traición… y, cuando ahora miro a Steph, el
diablo pelirrojo, su cara está retorcida, distorsionada de la forma más diabólica
imaginable, y el brillo de sus ojos oscuros hace que me recorran escalofríos.
—Oh, por cierto —se ríe—, confío en que te lo pasaras bien esperando a que
Hardin apareciera por su cumpleaños. Es increíble lo que se puede hacer con un
mensaje y una cámara de vídeo; aún puede ser peor, ¿verdad?
Trato de luchar contra Steph, pero es imposible. Aparta con facilidad mis
dedos de donde los he clavado en sus brazos y continúa subiéndome el vestido.
Cierro los ojos e imagino que Hardin entra a la fuerza en la habitación y me
rescata, mi caballero de la negra armadura.
—Hardin lo… descubrirá… —la amenazo débilmente.
—Ja, ja, sí…, ésa es la idea. Y ahora, basta de cháchara.
Otro golpe en la puerta y de nuevo intento apartarla de mí, sin éxito.
—Cierra, deprisa —dice Dan, y cuando giro el cuello en dirección a la puerta
no me sorprende ver que Molly se ha unido a nosotros.
—Ay údame a quitarle el vestido —le ordena Steph.
Parpadeo y trato de sacudir la cabeza, pero no funciona. Nada funciona. Dan
va a violarme, lo sé. Ése era el plan de Steph para esta fiesta. No era una fiesta
de despedida en mi honor, sino una forma de destruirme. No tengo ni idea de
cómo pude llegar a pensar que era mi amiga.
El cabello de Molly me cae en la cara cuando trepa a la cama a mi lado, y
Steph me empuja y me hace rodar para tener mejor acceso a la espalda de mi
vestido.
—¿Porrr quéee? —Se me quiebra la voz y soy vagamente consciente de las
lágrimas en mis mejillas, que ahora empapan las sábanas de la cama.
—¿Por qué? —me imita Dan, acercando la cara a la mía—. ¿Por qué? El
cabrón de tu novio se grabó mientras se follaba a mi hermana, ése es el porqué.
—Su aliento caliente en mi cara parece barro.
—¡Vayaaa! —dice Molly en voz alta—. ¡Creía que habías dicho que sólo le
sacarías unas cuantas fotos!
—Y eso haremos…, y quizá también un pequeño vídeo —responde Steph.
—¡Ni hablar! Joder, no, tía, ¡no puedes hacer que la viole! —grita Molly.
—No va a hacerlo… No te pases. No soy una psicópata ni nada de eso. Sólo
va a tocarla y a fingir que están follando para que cuando Hardin vea la cinta
pierda la cabeza. Sólo imagina su cara cuando vea a la inocente putilla de su
novia siendo follada por Dan. —Steph se ríe—. Creí que estabas de acuerdo con
esto —le sisea a Molly—. Dijiste que lo estabas.
—Estoy de acuerdo con cabrearlo, pero no puedes grabar esa mierda. —
Aunque Molly está susurrando, puedo oírla claramente.
—Suenas como ella. —Steph me da la vuelta después de quitarme el vestido.
—Para —gimo.
Steph pone los ojos en blanco y Molly parece a punto de vomitar en cualquier
momento.
—Ya no estoy segura de esto —dice Molly presa del pánico.
Steph la coge entonces del hombro con violencia y señala:
—Bueno, pues ahí está la puerta. Si vas a comportarte como una mariquita
floja, ve abajo y nos reuniremos contigo dentro de un rato.
Otro golpe en la puerta y oigo la voz de Tristan.
—Steph, ¿estás ahí? —pregunta desde el pasillo.
« Él también, no.»
—Mierda —murmura Steph—. Sí…, hum…, estoy hablando con Molly.
¡Salgo dentro de un minuto!
Abro la boca para gritar, pero su mano cae sobre mi cara para silenciarme.
Es pegajosa y huele como a alcohol.
Intento mirar a Molly en busca de ayuda, pero ella me da la espalda.
Cobarde.
—Ve abajo, cariño, enseguida estaré contigo. Molly está… disgustada. Cosas
de chicas, ¿sabes? —miente Steph y, a pesar de todo este follón, no puedo evitar
sentirme aliviada de que Tristan no sepa nada de las crueles intenciones de su
novia.
—¡Vale! —grita.
—Ven aquí —le ordena a Dan en voz baja. Entonces me toca la mejilla—.
Abre los ojos.
Los abro apenas y siento las manos de Dan subiendo por mi muslo. El miedo
me atraviesa y vuelvo a cerrarlos.
—Me voy abajo —dice Molly finalmente cuando Dan alza la pequeña
cámara a la altura de su cara.
—Bien. Cierra la puerta —le suelta Steph.
—Muévete —dice Dan, y el colchón se hunde debajo de mí cuando Steph
baja de la cama para cederle el sitio—. Sostén la cámara.
Intento con todas mis fuerzas reemplazar las manos de Dan por las de Hardin
en mi mente, pero es imposible. Las manos de Dan son suaves, demasiado, e
intento sustituirlas por algo, cualquier cosa. Imagino la más suave de las mantas
que tenía en mi niñez rozando mi piel… La puerta se cierra señalando la salida de
Molly y yo vuelvo a gemir.
—Hardin te hará daño —digo con la voz estrangulada, y mantengo los ojos
fuertemente cerrados.
—No, qué va —replica Dan—. Querrá asegurarse de que nadie más vea esto,
así que no hará una mierda. —Sus dedos pasan por encima de mis bragas y me
susurra—: Así es como funciona el mundo.
Hago acopio de todas mis fuerzas e intento apartarlo de mí, pero sólo consigo
agitar un poco la cama.
Steph se ríe de forma diabólica.
—¡Hardin es un imbécil, ¿vale?! —grita poniéndome la cámara en la cara—.
Y siempre está follándose a la gente: se folló a la hermana de Dan, me folló a
mí, ligó con un montón de chicas, se las folló y luego las dejó de lado. Hasta que
llegaste tú, claro. Por qué le gustas tanto es algo que nunca entenderé. —Su tono
está lleno de disgusto.
—¡Tessa! —La voz de Zed estalla entonces desde algún lugar, y Steph me
tapa la boca de nuevo cuando oigo golpear la puerta con fuerza.
—Estate calladita —me ordena.
Intento morderle la mano. Ella me cruza la cara de un bofetón, pero por
suerte casi ni lo siento.
—¡Abre la puta puerta, Steph! ¡Déjame entrar! —grita Zed.
« ¿También está metido en esto? ¿Tenía Hardin razón sobre él? ¿Es que todo el
mundo a mi alrededor intenta hacerme daño?»
La idea no resulta imposible: casi todo el mundo en quien he confiado desde
que llegué a la universidad me ha traicionado. Los nombres siguen
amontonándose.
—¡Echaré la puerta abajo…, no estoy de coña! ¡Ve a buscar a Tristan! —lo
oigo gritar, y Steph de inmediato aparta la mano de mi boca.
—¡Espera! —chilla yendo hacia la puerta.
Sin embargo, es demasiado tarde. La puerta se abre violentamente con un
sonoro crujido y la mano de Dan y a no está sobre mí. Cuando abro los ojos lo
veo apartándose a toda prisa mientras Zed entra en la habitación; su presencia lo
llena todo.
—¡Pero ¿qué coño…?! —grita corriendo hacia mí.
Alguien me cubre el cuerpo con una sábana mientras intento alcanzarlo.
—Ayúdame —le suplico, y rezo para que él no esté metido en esta pesadilla.
Para que de verdad pueda oírme.
Avanza hacia Steph y le arranca la pequeña cámara de las manos.
—Pero ¿qué cojones te pasa? —La deja caer al suelo y la pisa
repetidamente.
—Tranqui, tío, sólo era una broma —dice ella, y se cruza de brazos justo en
el momento en que Tristan entra en la habitación.
—¿Una broma? ¡Primero metes algo en su bebida y ahora estás aquí arriba,
con una videocámara mientras Dan intenta violarla! ¡Eso no es ninguna jodida
broma!
Tristan se queda con la boca abierta.
—¿Qué?
Siempre tan manipuladora, Steph señala con un dedo acusador a Zed y
rompe a llorar.
—¡No le escuches!
Zed niega con la cabeza.
—No, tío, es verdad. Ve y pregúntale a Jace. Steph le pidió una benzo… ¡y
ahora mira a Tessa! La cámara que estaban usando está justo aquí —explica
señalando al suelo.
Sostengo la sábana contra mi cuerpo e intento volver a sentarme, pero no soy
capaz.
—Era una broma. ¡Nadie iba a hacerle daño! —dice Steph con una
carcajada falsa que parece destinada a ocultar su maldad.
Pero Tristan mira a su novia horrorizado.
—¿Cómo has podido hacerle algo así? ¡Creía que era tu amiga!
—No, no, cariño, no es tan malo como parece… ¡Fue idea de Dan!
Dan levanta las manos, intentando evitar la culpa.
—¡Pero ¿qué coño…?! ¡No, no ha sido idea mía! Fue cosa tuy a. —Señala a
Steph y mira a Tristan—. Tiene una obsesión malsana con Hardin…, fue idea
suya.
Tristan sacude la cabeza y se da la vuelta para abandonar la habitación, pero
parece cambiar de idea y sus puños atraviesan el aire hasta conectar con la
mandíbula de Dan. Éste se desploma en el suelo, y Tristan vuelve a dirigirse a la
puerta. Steph sale tras él.
—¡Aléjate de mí! ¡Hemos acabado! —grita él, y desaparece.
Dándose la vuelta y mirándonos a todos, Steph grita:
—¡Muchas jodidas gracias a todos!
Quiero reírme por la ironía que supone que ella planeara este espectáculo del
horror y culpe a todos los demás cuando le explota en la cara. Y si no estuviera
aquí tumbada, recuperando el aliento, de verdad que me reiría.
La cara de Zed aparece sobre mí.
—Tessa…, ¿estás bien?
—No… —admito, sintiéndome más mareada que nunca.
Al principio era sólo mi cuerpo el que iba lento; mi mente estaba ligeramente
nublada, pero ahora puedo sentir que estoy cada vez más y más afectada por la
droga.
—Siento haberte dejado sola. Debería haberlo sabido.
Después de que Zed ajuste la sábana alrededor de mi cuerpo, me pasa un
brazo bajo las piernas, coloca otro en mi espalda y me levanta de la cama.
Empieza a sacarme de la habitación, pero se detiene enfrente de Dan, que
está tratando de levantarse del suelo.
—Espero que, cuando Hardin descubra lo que has hecho, te mate. Lo
mereces.
Soy ligeramente consciente de las exclamaciones y los susurros que
despertamos a nuestro paso mientras Zed me lleva a través de la casa abarrotada
de gente. Aunque no me importa. Sólo quiero escapar de este lugar y no volver
jamás.
—Pero ¿qué demonios…? —Reconozco la voz de Logan.
—¿Puedes ir arriba y recuperar su vestido y su bolso? —le pide Zed en voz
baja.
—Sí, claro, ahora voy —responde Logan.
Zed sale entonces por la puerta principal y el aire frío me golpea,
haciéndome temblar. Al menos creo que estoy temblando, pero no podría decirlo
realmente. Zed intenta ajustar aún más la sábana alrededor de mi cuerpo, pero
ésta no para de caerse. Yo no le soy de ninguna ayuda, y a que apenas puedo
mover los brazos.
—Llamaré a Hardin tan pronto como te meta en mi camioneta, ¿vale? —me
dice Zed.
—No, no lo hagas —gimoteo.
Hardin estará muy enfadado conmigo… Lo último que quiero es que me
grite cuando apenas puedo mantener los ojos abiertos.
—Tessa, en serio, creo que debería llamarlo.
—No, por favor. —Empiezo a llorar de nuevo.
Hardin es la única persona a la que quiero ver ahora mismo, pero no quiero
saber cómo reaccionará al descubrir lo ocurrido. De haber sido él quien hubiera
aparecido en vez de Zed, ¿qué les habría hecho a Dan y a Steph? Algo que lo
habría llevado de cabeza a la cárcel, seguro.
—No se lo digas —repito—. Nada de esto…, shhh…
—Lo descubrirá de todos modos. Incluso con el vídeo destruido, demasiada
gente sabe lo que ha sucedido.
—No, por favor…
Oigo el suspiro frustrado de Zed mientras sostiene mi peso con un brazo para
poder abrir la puerta del acompañante de su camioneta.
Logan regresa cuando Zed me coloca sobre el frío asiento.
—Aquí están sus cosas. ¿Está bien? —pregunta con evidente preocupación.
—Sí, creo que sí. Va hasta el culo de benzos.
—Pero ¿qué coño…?
—Es una larga historia. ¿Has tomado alguna vez? —pregunta Zed.
—Sí, una vez, pero sólo la mitad, y me desmay é después de una hora. Mejor
reza para que no se ponga a alucinar. Algunas personas tienen reacciones muy
locas a esa cosa.
—Mierda —gruñe Zed, y puedo imaginarlo retorciendo el aro de su labio
entre los dedos.
—¿Lo sabe Hardin? —pregunta Logan.
—Aún no…
Los dos continúan hablando sobre mí como si y o no estuviera allí, pero me
siento aliviada cuando la calefacción de la camioneta por fin deja de expulsar
aire frío y comienza a generar calor.
—Necesito llevarla a casa —dice Zed por fin, y al cabo de pocos segundos
está en la camioneta a mi lado.
Me mira con expresión preocupada y dice:
—Si no quieres que se lo diga, ¿adónde quieres ir? Puedes venir a mi casa,
pero ya sabes lo mucho que se cabreará cuando lo averigüe.
Si pudiera articular una frase le contaría nuestra ruptura, pero como no
puedo, emito un sonido que es algo entre un sollozo y una tos.
—Madre —consigo decir.
—¿Estás segura?
—Sí…, no Hardin. Por favor. —Respiro.
Él asiente y el vehículo comienza a moverse calle abajo. Trato de
concentrarme en la voz de Zed mientras habla por teléfono, pero en mi intento
por permanecer sentada erguida pierdo la pista de lo que dice y al cabo de pocos
minutos estoy tumbada en el asiento.
Me rindo y simplemente cierro los ojos

Comentarios