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CAPÍTULO 59
Hardin
El amor es la emoción más importante que uno puede sentir. Ya sea amor
por Dios o tu amor por otro, es la experiencia más poderosa, abrumadora e
increíble. El momento en que comprendes que eres capaz de amar a alguien
más aparte de a ti mismo es posiblemente el más importante de tu vida. Al
menos, lo fue para mí. Amo a Hardin más que a mí misma, más que a nada
en el mundo.
Mi teléfono vibra sobre la mesita de café por quinta vez en los últimos dos
minutos. Finalmente decido contestar para poder mandarla a la mierda.
—¿Qué cojones quieres? —ladro contra el auricular.
—Es que…
—Suéltalo, Molly, no tengo tiempo para esta mierda.
—Es sobre Tessa.
Me pongo en pie y el diario cae al suelo. Se me hiela la sangre.
—¿De qué diablos estás hablando?
—Ella está… Mira, no te vuelvas loco, pero Steph le ha echado algo en la
bebida y Dan…
—¿Dónde estás?
—En la casa de la fraternidad.
En cuanto termina de pronunciar esas palabras, cuelgo el teléfono, cojo mis
llaves y salgo corriendo del apartamento.
El corazón se me sale del pecho durante todo el trayecto. ¿Por qué coño tuve que
buscarme un apartamento tan lejos del campus? Éste es, sin duda, el viaje de
treinta kilómetros más largo de mi vida.
Steph le ha dado algo a Tessa… Pero ¿qué coño le pasa a esa tía? Y Dan…, el
puto Dan es hombre muerto si le ha puesto un maldito dedo encima.
Me salto cada semáforo en rojo que veo e ignoro los flashes que indican que
este mes me encontraré al menos cuatro multas en el buzón.
« Es Tessa…»
La voz de Molly se repite en mi mente una y otra vez hasta que finalmente
llego a la vieja casa de la fraternidad. Ni siquiera me molesto en apagar el motor.
Mi coche es la última de mis preocupaciones ahora mismo. Multitud de idiotas
hasta el culo de alcohol pululan por el salón y los pasillos y me abro paso a
empujones hasta el piso superior en busca de Tessa.
Mis manos se cierran alrededor de la pechera de la camisa de Nate en el
momento en que lo veo y lo estampo contra la pared sin pensarlo siquiera.
—¿Dónde está?
—¡No lo sé! ¡No la he visto! —grita, y aflojo la presa.
—¿Dónde coño está Steph? —exijo saber.
—Está en el patio trasero…, creo… Hace rato que no la veo.
Lo suelto de un empujón y él trastabilla hacia atrás mientras me fulmina con
la mirada.
Corro hacia el patio trasero presa del pánico. Si Tessa está ahí fuera, en el
frío, con Steph y Dan…
El rojo cabello de Steph brilla en la oscuridad, y no dudo en agarrarla por el
cuello y la espalda de su abrigo de cuero y levantarla del suelo.
Ella empieza a agitar los brazos frenéticamente.
—¡Pero ¿qué coño…?!
—¡¿Dónde está?! —rujo con los puños llenos de cuero.
—No lo sé…, dímelo tú —escupe ella, y le doy la vuelta para mirarla a la
cara.
—¿Dónde coño está?
—No vas a hacerme una mierda.
—Yo no estaría tan segura si fuese tú. Dime dónde coño está Tessa… ¡ahora!
—le grito a la cara.
Steph se encoge de miedo y su bravuconería se esfuma por un momento
antes de que sacuda la cabeza.
—No sé dónde demonios está, pero probablemente a estas alturas ya se habrá
desmay ado.
—Eres una asquerosa zorra enferma. Si yo fuera tú, me largaría de aquí
antes de que encuentre a Tessa. ¡En cuanto sepa que está bien, no habrá nada que
me impida venir a por ti!
Durante un momento considero la posibilidad de hacerle daño a Steph, pero
sé que no podría. No puedo ni imaginar la reacción de Tessa si golpeara a una
mujer, incluso a una mala puta como Steph.
Giro sobre mis talones y vuelvo adentro. No tengo tiempo para juegos.
—¿Dónde está Dan Heard? —le pregunto a una chica rubia que veo sentada
sola al pie de la escalera.
—¿Él? —pregunta ella, señalando con una uña pintada hacia el piso de arriba.
En vez de responder, subo corriendo los escalones de dos en dos. Dan no se da
cuenta de mi presencia hasta que lo derribo, llevándome también a un par de
personas por delante en el proceso. Le doy la vuelta en el suelo y luego lo
inmovilizo, rodeándole el cuello con las manos.
« Jodido déjà vu.»
—¿Dónde coño está Tessa? —Mis manos aprietan aún más.
La cara de Dan y a se está volviendo de un precioso tono rosado, y emite unos
patéticos ruidos de ahogo en vez de contestar. Le clavo todavía más los dedos.
—Si le haces el más mínimo daño, te sacaré hasta el último aliento a golpes
—lo amenazo.
Patalea y alzo la vista para mirar al tipo que estaba a su lado.
—¿Dónde está Tessa Young? —le pregunto al chaval, que levanta las manos
en señal de rendición.
—Yo no… no la conozco, tío, ¡lo juro! —grita el muy nenaza, echándose
atrás mientras continúo estrangulando a su amigo.
La cara de Dan ha pasado de rosa a morado.
—¿Estás listo para decírmelo? —le pregunto.
Asiente frenéticamente.
—¡Pues habla de una puta vez! —grito soltándolo.
—Ella está… Zed —consigue articular junto con una tos profunda y asfixiada
en el momento en que retiro las manos de su cuello.
—¿Zed? —Se me nubla la visión en el momento en que todos mis temores se
materializan—. Él te ha metido en todo esto, ¿verdad?
—No. Zed no ha tenido nada que ver —interviene Molly, saliendo de una de
las habitaciones del pasillo—. Nada de nada. O sea, él oyó a Steph hablando de
hacer algo, pero nunca crey ó que fuera en serio.
Miro a Molly con ojos de loco.
—¿Dónde está? ¿Dónde está Tessa? —pregunto por enésima vez.
Cada segundo que paso sin verla es un segundo más en el que no sé si está a
salvo, es otro golpe a mi cada vez más frágil cordura.
—No lo sé. Creo que se ha ido con Zed.
—¿Qué le han hecho? Cuéntamelo todo… ahora.
Me pongo en pie y dejo a Dan en el suelo pasándose las manos por el cuello
mientras intenta recuperar el aliento.
Molly niega con la cabeza.
—No le han hecho nada; él los detuvo antes de que pudieran hacerlo.
—¿Él?
—Zed. Fui corriendo a buscarlos, a él y a Tristan, antes de que pudiera pasar
nada. Steph estaba como loca, como si hubiera convencido a Dan para que
violara a Tessa o algo. Dijo que sólo iba a hacer que lo pareciera, pero no sé,
estaba actuando como una psicópata.
—¿Violar a Tessa? —Me atraganto. No—. Él… ¿la tocó?
—Un poco —contesta Molly con tristeza, y mira al suelo.
Vuelvo a mirar a Dan, que ahora está sentado. Mi bota colisiona con su cara e
inmediatamente se desploma de nuevo en el suelo.
—¡Hostia puta! ¡Vas a matarlo! —chilla Molly.
—¡Como si te importara una mierda! —le suelto mientras trato de calibrar la
fuerza con la que debería patearlo para provocarle un derrame cerebral
permanente.
Tiene sangre saliéndole de la comisura de la boca y rodándole por la mejilla.
Bien.
—Yo no…, en realidad me importa una mierda todo esto.
—Entonces ¿por qué me has llamado? Pensé que odiabas a Tessa.
—Y la odio, créeme. Pero no podría quedarme sentada y dejar que alguien
la violara.
—Bueno… —Estoy a punto de darle las gracias, pero enseguida recuerdo lo
zorra que es, así que simplemente asiento y me largo en busca de Tessa.
¿Qué hacía Zed aquí, para empezar? Ese cabronazo siempre aparece en el
mejor momento…, en el momento exacto para hacerme parecer a mí un
gilipollas, y ahora, una vez más, él ha sido su salvador.
A pesar de mis celos extremos, me siento aliviado de saber que Tessa está
lejos de Steph y de Dan y de sus enfermizos planes para vengarse de mí. Todo
este follón es sólo un recordatorio de que cada cosa mala en la vida de Tessa es
por mi culpa. Si no hubiera puteado a la hermana de Dan, esto nunca habría
ocurrido. Ahora Tessa anda por ahí drogada y con Zed. Quién sabe qué intentará
hacerle él.
Esto es…, así es como debe de sentirse uno en el infierno. Sabiendo que está
metida en todo este lío por mi culpa. Podrían haberla violado por mi culpa…
Justo como en mi sueño…, y yo no estaba ahí para impedirlo, igual que no fui
capaz de impedir que le ocurriera a mi madre.
Odio esto. Me odio tantísimo a mí mismo… Lo fastidio todo y a todo el
mundo que entra en contacto conmigo. Soy veneno, y ella es el ángel lentamente
erosionado por mi maldad, aferrándose a lo poco de sí misma que aún no he
destruido.
—¡Hardin! —Logan me alcanza al pie de la escalera.
—¿Sabes dónde están Tessa y Zed? —Las palabras saben a ácido en mi
lengua.
—Se han ido hará unos quince minutos. Pensé que irían directamente a tu
casa —contesta.
Así que Tessa no le ha contado a nadie que hemos roto.
—Ella estaba… ¿estaba bien? —le pregunto, y contengo la respiración hasta
que responde.
—No lo sé, estaba bastante ida. Le han dado benzodiacepinas.
—Joder. —Me tiro del cabello mientras me dirijo a la puerta principal—. Si
tienes noticias de Zed antes de que lo encuentre, llámame —le pido.
Logan asiente y corro hasta el coche. Por suerte, nadie me lo ha robado. Sin
embargo, alguien ha aprovechado la oportunidad de comportarse como un
gilipollas, derramar una cerveza sobre el parabrisas y dejar el vaso vacío encima
del capó. Malditos cabrones.
Llamo a Tessa para al final simplemente murmurar en su buzón de voz:
—Coge el teléfono, por favor…, por favor, contesta, sólo una vez…
Sé que probablemente no puede contestarme ahora mismo, pero Zed podría
coger el puto teléfono por ella. La idea de que Tess esté inconsciente sin que yo
me encuentre cerca para protegerla me pone enfermo. Golpeo las manos contra
el volante mientras salgo a la calle quemando rueda. Esto es un jodido desastre, y
Tessa está con Zed. No me fío de él más de lo que me fío de Dan o de Steph.
Bueno, eso no es del todo cierto, pero de todos modos no me fío. Para cuando
por fin llego al apartamento de Zed, estoy hecho un mar de lágrimas.
Literalmente me corren lágrimas por las mejillas, recordándome lo
absolutamente jodido que estoy. Yo he permitido que esto ocurra, he dejado que
la droguen y que casi la violen y la humillen. Debería haber estado ahí. Nadie se
habría atrevido a intentar una mierda de haber estado yo allí. Seguro que debía
de estar muerta de miedo…
Me seco mis ojos traidores con el dobladillo de la camiseta y aparco frente al
apartamento de Zed. Su camioneta no está en su plaza…
« ¿Dónde coño está? Y ¿dónde está ella?»
Intento contactar con Tessa, luego con Zed, de nuevo con Tessa, pero nadie
contesta al teléfono. Como le haga algo estando ella desmayada, y o le haré algo
aún peor de lo que jamás pueda imaginar.
« ¿Adónde más podría ir Tessa? ¿Con Landon?»
—¿Hardin? —La voz medio dormida de Landon llega a través del teléfono y
conecto el altavoz.
—¿Tessa está ahí?
Él bosteza.
—No…, ¿tendría que estar?
—No, pero no la encuentro.
—¿Estás…? —Hace una pausa—. ¿Estás bien?
—Sí…, no. No lo estoy. No puedo encontrar a Tessa y no sé dónde más
buscar.
—¿Ella quiere que la encuentres? —pregunta en voz baja.
¿Quiere? Probablemente no, pero a estas alturas lo más seguro es que no
pueda formar un pensamiento coherente. Esto son circunstancias excepcionales,
por decirlo delicadamente.
—Tomaré tu silencio como un no, Hardin. Apostaría a que, si ella no quiere
que la encuentres, irá al único sitio donde sabe que nunca la buscarás.
—A casa de su madre —gimo, dándome un puñetazo en el muslo por no
haberlo pensado antes.
—Oh, y ahora que lo sabes…, ¿vas a ir?
—Sí.
« Pero ¿de verdad iba Zed a conducir dos horas para llevarla a casa de su
madre?»
—¿Sabes cómo llegar?
—No exactamente, pero puedo acercarme a mi apartamento y coger la
dirección.
—Espera, me parece que la tengo anotada en alguna parte… Tessa se dejó
algo del papeleo del traslado hace un tiempo. Deja que lo mire y vuelvo a
llamarte.
—Gracias.
Espero con impaciencia y aparco en el primer sitio libre que encuentro. Miro
a través de la ventanilla, con la vista fija en la oscuridad, luchando para que no
me atrape. Tengo que concentrarme en encontrar a Tess y asegurarme de que
está bien.
—¿Vas a contarme lo que está pasando? —pregunta Landon poco después al
llamarme.
—Steph…, ¿te suena la pelirroja? Ha drogado a Tessa.
Oigo a Landon reprimir un jadeo.
—Espera, ¿qué?
—Sí, es una situación jodidísima y y o no estaba allí para ay udarla, así que
está con Zed —le explico.
—¿Está bien? —Landon suena al borde del pánico.
—No tengo ni puta idea.
Me limpio la nariz con la camiseta y Landon me da instrucciones para llegar
a la casa familiar de Tessa.
A su madre le dará algo cuando aparezca por allí, especialmente dadas las
circunstancias, aunque no me importa. No tengo ni idea de qué demonios voy a
hacer cuando llegue, pero tengo que verla y asegurarme de que está bien.
CAPÍTULO 60
Tessa
—¿Qué ha pasado? ¡Cuéntame toda la historia! —grita mi madre cuando Zed me
saca de su camioneta.
Sus brazos rodeándome me devuelven la conciencia y un creciente
sentimiento de vergüenza.
—La antigua compañera de habitación de Tessa le ha echado algo en la
bebida, así que su hija me ha pedido que la trajera aquí. —Zed le cuenta medias
verdades. Me alivia que le oculte algunos detalles.
—¡Oh, Dios mío! Pero ¿por qué haría algo así esa chica?
—No lo sé, señora Young… Tessa se lo podrá explicar cuando despierte.
« ¡Estoy despierta!» , quiero gritar, pero no puedo. Es un sentimiento muy
raro, oír todo lo que está pasando alrededor pero no ser capaz de participar en la
conversación. No puedo moverme ni hablar, mi mente está nublada y mis
pensamientos se entremezclan…, pero soy plenamente consciente de todo lo que
ocurre. Aunque lo que está pasando cambia cada cinco minutos: a veces la voz
de Zed se transforma en la de Hardin, y juro que oigo a Hardin reír y veo su
rostro cuando intento abrir los ojos. Me estoy perdiendo. La droga me está
volviendo loca y quiero que pare.
Pasa cierto tiempo, ni idea de cuánto, y me colocan en lo que creo que es el
sofá. Lentamente, puede que incluso a desgana, los brazos de Zed me dejan ir.
—Bueno, gracias por haberla traído —dice mi madre—. Esto es terrible.
¿Cuándo despertará? —Su voz es como una taladradora y la cabeza me da
vueltas lentamente.
—No lo sé, creo que los efectos suelen durar un máximo de doce horas. Y y a
lleva unas tres.
—¿Cómo ha podido ser tan estúpida? —le suelta mi madre a Zed, y la palabra
estúpida resuena en mi cabeza hasta desaparecer.
—¿Quién?, ¿Steph? —pregunta él.
—No, Theresa. ¿Cómo ha podido ser tan estúpida como para juntarse con esa
gente?
—No ha sido culpa suy a —me defiende Zed—. Se supone que era una fiesta
de despedida. Tessa creía que esa chica era su amiga.
—¿Amiga? ¡Por favor! Tessa debería saber que no le conviene ser amiga de
esa chica, o de cualquiera de vosotros, ya puestos.
—No es por faltarle al respeto ni nada, pero usted no me conoce. Acabo de
conducir durante dos horas para traer a su hija hasta aquí —replica Zed
educadamente.
Mi madre suspira y y o me concentro en el sonido de sus tacones
repiqueteando sobre el suelo de baldosas de la cocina.
—¿Necesita algo más? —pregunta él.
Noto que el sofá es más blando que los brazos de Zed. Los de Hardin son
blandos pero duros al mismo tiempo; la forma en que sus músculos se tensan
bajo la piel es algo que siempre me ha gustado contemplar. Mis pensamientos
vuelven a ser un caos. Odio este constante ir y venir entre la claridad y la
confusión.
Oigo cómo la voz de mi madre en la distancia contesta:
—No. Gracias por traerla. He sido algo brusca hace un momento y me
disculpo por ello.
—Traeré su ropa y sus cosas del coche enseguida y me pondré en camino de
nuevo.
—De acuerdo. —El repiquetear de los tacones de aguja suena al otro lado de
la sala.
Espero a oír el rugido de la camioneta de Zed. No lo oigo, o tal vez ya se ha
ido pero me lo he perdido. Estoy confusa. Mi cabeza está muy espesa y no sé
cuánto tiempo llevo aquí tumbada, pero tengo sed. ¿Zed ya se ha marchado?
—¡¿Qué demonios haces tú aquí?! —grita mi madre, devolviéndome al
afilado borde de la conciencia. Aunque aún no sé qué está ocurriendo.
—¿Está bien? —pregunta una voz jadeante y rasposa. Hardin.
Está aquí. Hardin…
A no ser que vuelva a ser la voz de Zed confundiéndome de nuevo. No, sé que
es Hardin, de algún modo soy capaz de sentirlo.
—¡No vas a entrar en esta casa! —chilla mi madre—. ¡¿Es que no me has
oído?! ¡No pases por mi lado como si no me hubieses oído!
Oigo la puerta mosquitera cerrarse con un golpe mientras mi madre continúa
gritando.
Y después creo que noto su mano en mi mejilla.
CAPÍTULO 61
Hardin
No pueden haber llegado hace mucho, he conducido treinta kilómetros por
encima de lo permitido durante todo el tray ecto. Casi vomito cuando por fin veo
la furgoneta de Zed en la entrada de la pequeña casa de ladrillo. Cuando sale al
porche, mi visión se vuelve roja.
Zed camina lentamente hasta su furgoneta y yo aparco en la calle para no
bloquearle el paso y que pueda largarse cagando leches.
« ¿Qué le diré? ¿Y qué voy a decirle a ella? ¿Será capaz de escucharme
siquiera?»
—Sabía que aparecerías —me dice Zed en voz baja cuando me planto ante
él.
—¿Por qué no iba a hacerlo? —gruño conteniendo mi creciente rabia.
—Tal vez porque es culpa tuya.
—¿Lo dices en serio? ¿Es culpa mía que Steph sea una puta psicópata?
« Sí, sí lo es.»
—No, es culpa tuya no haber ido con Tessa a la fiesta. Deberías haber visto su
cara cuando entré a la fuerza en esa habitación.
Sacude la cabeza como para librarse de ese recuerdo. Se me tensa el pecho.
Tessa no debe de haberle dicho que ya no estamos juntos.
« ¿Significa eso que aún le importo, pese a mi forma de ser?»
—Yo… Ni siquiera sabía que ella iba a ir, así que no me jodas. ¿Dónde está?
—Dentro. —Señala lo evidente con una mirada asesina.
—Ni se te ocurra mirarme así…, para empezar no tendrías ni que estar aquí
—le recuerdo.
—De no haber sido por mí, la habrían violado, así que mira…
Mis manos encuentran las solapas de su chaqueta de cuero y lo empujo
contra el lateral de su camioneta.
—No importa las veces que lo intentes, ni las veces que la « salves» , ella
nunca te querrá. No lo olvides.
Le doy un último empujón y me aparto. Quiero golpearlo, reventarle la puta
nariz por ser un cabronazo engreído, pero Tessa está dentro de esa casa, y ahora
mismo verla es mucho más importante. Al pasar junto a la ventanilla de la
camioneta veo en su asiento el bolso de Tessa… y su vestido.
« ¿Es que está desnuda?»
—¿Por qué no lleva el vestido puesto? —me atrevo a preguntar.
Tiro de la manija para abrir la puerta y recojo sus cosas. Como no me
contesta, le lanzo una mirada fulminante, esperando una explicación.
—Se lo quitaron —dice simplemente con expresión triste.
—Joder —murmuro, y doy media vuelta para recorrer el sendero hasta la
casa de la madre de Tessa.
Cuando llego al porche, Carol sale para bloquear la puerta principal.
—¿Qué demonios haces tú aquí?
Su hija está herida y en lo único que piensa es en gritarme a mí. Muy bonito,
sí señor.
—Necesito verla.
Cojo el pomo de la puerta mosquitera. Ella niega con la cabeza pero se
aparta. Tengo el presentimiento de que sabe que la empujaría para pasar.
—¡No vas a entrar en esta casa! —chilla.
La ignoro y la rodeo.
—¡¿Es que no me has oído?! ¡No pases por mi lado como si no me hubieses
oído!
La mosquitera golpea contra el marco a mi espalda mientras escaneo la sala
de estar para encontrar a mi chica.
Y entonces me quedo helado al verla. Está tumbada en el sofá con las rodillas
ligeramente flexionadas, el cabello como un halo rubio alrededor de su cabeza y
los ojos cerrados. Carol continúa gritándome, amenazando con llamar a la poli,
pero me importa una mierda. Me acerco a Tessa y me arrodillo para quedar a la
altura de su cara. Sin pensarlo apenas, le acaricio el pómulo con el pulgar
y acuno su mejilla ruborizada en la palma de la mano.
—Mierda —maldigo, y la estudio atentamente mientras su pecho sube y baja
despacio—. Joder, Tess, lo siento mucho. Todo esto es culpa mía —le susurro,
esperando que pueda oírme.
Es tan hermosa también cuando está quieta y en calma, con los labios
ligeramente separados… la inocencia evidente en un rostro que quita el aliento.
Por supuesto, Carol irrumpe en ese momento vertiendo su rabia sobre mí.
—¡En eso tienes toda la razón! Esto es culpa tuya. ¡Y ahora lárgate de mi
casa antes de que la policía te saque a rastras!
—¿Por qué no se tranquiliza? —replico sin volverme—. No voy a ir a ningún
sitio. Vay a a llamar a la policía si quiere. Si se presentaran a estas horas de la
noche, usted sería la comidilla de la ciudad, y todos sabemos que no es eso lo que
quiere.
Soy consciente de que me está fulminando con la mirada, lanzándome dagas
con la mente, pero no puedo apartar la vista de la chica que tengo frente a mí.
—Vale —resopla por fin su madre—. Tienes cinco minutos.
Sus zapatos raspan la alfombra de la forma más espantosa posible.
« Pero ¿qué hace tan bien vestida a estas horas de la noche?»
—Espero que puedas oírme, Tessa —comienzo. Mis palabras son
precipitadas, pero la acaricio con cuidado, tocando la suave piel de sus mejillas.
Las lágrimas acuden a mis ojos para caer sobre su piel clara—. Lo siento tanto…
Joder, siento tanto todo esto… No debería haberte dejado marchar, para
empezar. Pero ¿en qué estaba pensando?
» Habrías estado orgullosa de mí, al menos un poco, creo. No he matado a
Dan cuando he dado con él, sólo le he pateado la cara… Oh, y también lo he
estrangulado un poco, pero aún respira. —Hago una pausa antes de admitir—: Y
he estado a punto de beber esta noche, pero no lo he hecho. No podría haber
empeorado más las cosas entre nosotros. Sé que crees que no me importas, pero
sí que me importas, es sólo que no sé cómo demostrártelo.
Me detengo para examinar la forma en que sus párpados tiemblan ante el
sonido de mi voz.
—Tessa, ¿puedes oírme? —pregunto, lleno de esperanza.
—¿Zed? —apenas suspira ella, y durante un segundo juro que el diablo me
juega una mala pasada.
—No, cariño, soy Hardin. Soy Hardin, no Zed. —No puedo evitar la rabia
que se apodera de mí al oírla susurrar su nombre tan suavemente.
—Hardin no. —Frunce el ceño confusa, pero sus ojos permanecen cerrados
—. ¿Zed? —repite, y retiro la mano de su mejilla.
Cuando me pongo en pie no veo a su madre por ningún lado. Me sorprende
que no hay a estado mirando por encima de mi hombro mientras trataba de
hablar con su hija.
Y entonces, como si mis pensamientos la hubiesen conjurado, reaparece en
la sala.
—¿Has acabado? —exige saber.
Alzo la palma de la mano para detenerla.
—No, aún no —aunque lo desearía. Al fin y al cabo, Tessa ha preguntado por
Zed.
Y de pronto, amablemente, como si admitiera que no puede controlar el
mundo entero, su madre pregunta:
—¿Podrías llevarla a su habitación antes de irte? No puede quedarse tirada en
el sofá…
—Así que no se me permite entrar, pero… —Me detengo, sabiendo que no
conseguiré nada discutiendo con esta mujer por enésima vez desde que la
conozco, por lo que me limito a asentir—. Claro; ¿dónde está su dormitorio?
—La última puerta a la izquierda —replica secamente, y desaparece de
nuevo.
No sé de dónde ha sacado Tessa su amabilidad, pero seguro que no le viene
de esta mujer.
Suspirando, paso un brazo bajo las piernas de Tessa y otro bajo su cuello y la
alzo hasta mi pecho. Mantengo la cabeza un poco baja mientras recorro el pasillo
con ella. Esta casa es pequeña, mucho más de lo que había imaginado.
La última puerta a la izquierda está casi cerrada, y cuando la abro con el pie
me sorprende el sentimiento de nostalgia que me asalta al entrar en un dormitorio
en el que nunca antes había estado. Una cama pequeña reposa contra la pared
más alejada, ocupando casi la mitad del diminuto dormitorio. El escritorio del
rincón tiene casi el mismo tamaño que la cama. Una Tessa adolescente acude a
mi imaginación, la de horas que debe de haber pasado sentada a ese gran
escritorio trabajando en interminables deberes para clase. El ceño fruncido, la
boca apretada en una línea de concentración, el cabello cay éndole sobre los ojos
y su mano echándolo hacia atrás ligeramente antes de ponerse el lápiz tras la
oreja.
Conociéndola como la conozco ahora, nunca habría imaginado que estas
sábanas rosa y el cubrecama púrpura fueran suyos. Deben de ser herencia de la
fase de muñeca Barbie por la que pasó y que una vez describió como « la mejor
y la peor época de su vida» . Recuerdo cómo me contaba que se pasaba el día
entero preguntándole a su madre cosas como dónde trabajaba Barbie, a qué
universidad había ido, si algún día tendría hijos…
Miro a la Tessa adulta que tengo entre los brazos y reprimo una carcajada al
pensar en su curiosidad constante, una de las cosas que más y que menos me
gustan de ella ahora. Echo las sábanas hacia atrás y la deposito suavemente sobre
la cama, asegurándome de que sólo tenga una almohada bajo la cabeza, tal y
como duerme en casa.
En casa…, aquélla ya no es su casa. Igual que esta casita, nuestro
apartamento fue una simple parada para ella de camino a su sueño: Seattle.
La pequeña cómoda cruje cuando abro el cajón superior en busca de ropa
para cubrir su cuerpo medio desnudo. Pensar en Dan desnudándola me hace
apretar los puños alrededor de la tela de una camiseta de su armario. Incorporo a
Tessa tan delicadamente como puedo y se la meto por la cabeza. Tiene el cabello
enredado, y cuando trato de peinárselo sólo consigo dejárselo peor. Ella gime de
nuevo y sus dedos tiemblan. Intenta moverse pero no puede. Odio esto. Me trago
la bilis que me sube por la garganta y parpadeo para alejar los pensamientos de
toda la mierda que ha tenido que soportar.
Por respeto, miro hacia otro lado mientras mis manos le meten los brazos por
las mangas hasta que finalmente consigo vestirla. Carol está de pie en el umbral
de la puerta. Su expresión es tensa pero no deja de estar cabreada, y me
pregunto cuánto tiempo llevará ahí observando

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